Ixcuinan
"Las madres que toman el rostro"



En el antiguo Anahuac, la tierra de nuestros sabios abuelos que ahora es herencia para nosotros existió una forma para denominar a aquellas personas que lograban un grado de conocimiento referente a la naturaleza, la medicina, la comprensión del cosmos, el dominio de sí mismos, el manejo de los recursos, la organización social, etc.

Lo que hoy día muchos denominan erróneamente “los dioses del panteón prehispánico” son principios y fuerzas que actúan en la naturaleza, el cosmos y por supuesto en los seres humanos.

A cada una de estas fuerzas y principios se les configuró gráficamente un conjunto de significados que nos refieren un lenguaje con el cual las antiguas culturas escribían sus ideogramas. Los códices antiguos dejados por diversas culturas, de los cuales pocos sobreviven sin haber sido reescritos por manos europeas son realmente pocos.

Partimos del precepto que indica que no podemos conocer a profundidad la cultura originaria de México si no entendemos adecuadamente el concepto asociado a “la dualidad creadora”, de la cual parten las dos ciencias que se desarrollaban, una conocida como Tezcatlipoca y la otra conocida como la ciencia de los Quetzalcoatl.

La ciencia de los Tezcatlipoca se ocupaba de la parte oscura, oculta, aquella que no es perceptible a los sentidos, por lo tanto está referida al estudio del cosmos con el tiempo y espacio inconmensurable, infinito e incomprensible en su dimensión para la mente humana. Entiéndase por oscuro el vacío, el espacio y tiempo infinitos.

Como parte del desarrollo de la ciencia de los Tezcatlipoca están los estudios asociados al conocimiento del Ser Interno, aquél que es posible acceder solamente mirándose en el espejo que humea.

La ciencia de los Quetzalcoatl se ocupaba del estudio sistematizado y ordenado de la vida en la naturaleza y en los diversos organismos que cumplen un ciclo de vida en los reinos mineral, vegetal y animal. Para el pensamiento Anahuaca Quetzalcoatl es la culebra preciosa que simboliza la energía ondulante de la vida y se manifiesta como una luz vibrante que emana el Sol creando el Tonal o energía primordial que sustenta a todos los seres.

Para la ciencia de los Quetzalcoatl todo, absolutamente todo tiene una esencia o un espíritu que lo sustenta en dualidad, ya se a que hablemos de los animales, los árboles, las nubes, las piedras, las montañas, etc. etc.

En el espacio cultural de nuestros sabios abuelos aquellas personas que alcanzaban un conocimiento suficiente sobre algún aspecto de la ciencia se le asignaba ese nombramiento, por ejemplo, a quien lograba un profundo conocimiento sobre la dinámica de las lluvias era denominado “Tlaloque”, aquellos que tenían conocimientos avanzados sobre la medicina se le podía nombrar como un “Pahtecatl”, a las mujeres que dominaban la disciplina de atender a las mujeres en parto eran llamadas las “Cihuateteo” y así sucesivamente tenemos a los “Yaoquizque” o guerreros, las “Malitzin” o conocedoras del manejo del fuego, los “Tepeyollotl” o conocedores del espíritu del monte, las “Ticitl” o curanderas, e incluso era posible nombrar a los Quetzalcoatl como sucedió en variadas ocasiones en la historia de Anahuac.

Hoy día en México una de las pocas formas en que se han conservado estas milenarias tradiciones las vemos en los llamados “graniceros” que son hombres y mujeres que dada la magia de haber sobrevivido a un rayo tienen la facultad de hablar con las montañas, dialogar y aprender de las plantas, curar con diferentes procedimientos que nacen de su intuición, predecir el clima y relacionarse con energías sagradas.

Dentro de lo diferentes linajes estaban las “Ixcuinan”, un grado de conocimiento asignado solo a aquellas mujeres que habían poseído un rostro sabio.

Ixcuinan se compone de tres palabras, la primera es Ixtli “rostro”, la segunda es nanti “madre” y unidas por el verbo cuia que significa “tomar o asirse”, por lo tanto Ixcuinan puede traducirse como “las madres que toman el rostro”.

Las Ixcuinan son mujeres lunares de edad avanzada que habían sido madres y contaban con un bagaje amplio de experiencia, de tal forma que con solo ver el rostro podían determinar ciertos aspectos del estado físico y emocional de un individuo.

Tenían una función bien definida en la sociedad porque dada su amplia experiencia y conocimientos eran consejeras, guías de la familia, tenían la capacidad de predecir el destino en función de la naturaleza de las cosas, mantenían un entendimiento profundo sobre las cosas del mundo y sobre aspectos del espíritu, conocían del profundo valor de la familia, de la educación.

Las Ixcuinan son un fuego encendido que dan el calor al hogar, en ellas está la fortaleza para que un hombre se convierta en guerrero y tenga el valor suficiente para proteger y sustentar a los hijos, al hogar, a la comunidad. En las Ixcuinan está el poder del amor, de la transformación, el cambio y la renovación. En sus manos está la tina negra y roja que las hace acreedoras de la palabra que debe ser escuchada y atendida.

Estamos viviendo un tiempo muy lamentable con la “modernidad y el progreso” en el que los conocimientos de la mujer han sido relegados a segundo plano y su intuición se ha hecho añicos. Se le ha desnaturalizado a la mujer soterrando la sabiduría milenaria que vive oculta en su sangre, se le ha desvinculado de su linaje y se le ha presionado para que su memoria oculta no encuentre salida.

Con base en la presión social que la obliga a ocuparse del mundo material a la mujer se le ha arrinconado en una condición superficial que apaga su fuego interno, y los hombres que nos vivimos igual o peor de desorientados simplemente buscamos quimeras.

Sin embargo hay un elemento profundamente esperanzador.

Las Ixcuinan son un grado denominado para las mujeres que han desarrollado la ciencia de Tezcatlipoca, lo cual indica que cada fémina en su interior contiene los genes de un linaje con el cual conectarse, hay un profundo espacio en su Ser Interno que concentra el recuerdo, la memoria, el registro de su fuego interno. Sólo basta con que llegue hasta ella la práctica adecuada para lograrlo.

La mujer cuando se mira en el espejo humeante ingresa al espacio inconmensurable donde el tiempo cobra un significado primordial y ahí es posible acceder a un conjunto de conocimientos asequible a este tiempo.

Hoy más que en ningún otro tiempo necesitamos de las Ixcuinan.

Recemos para que ellas traigan al seno de cada hogar el fuego que dé calor, luz y transformación, recemos para que ellas sean la medicina de esta tierra y recemos para que se apropien de un rostro sabio y un corazón verdadero.

Reciban todos un abrazo de su hermano Tlahuilcoatl.