Huitzillin

El colibrí es uno de los elementos culturales más profundamente arraigados en las culturas de Anahuac ya que se le asocia con la creación, con el Sol, el espíritu y ciertos aspectos de la actividad humana, por lo tanto podríamos afirmar que el colibrí conforma todo un arquetipo lleno de significados que bien valen la pena tener presentes.

El origen de la palabra Huitzillin “colibrí” se conforma de dos concepto de la lengua Nahuatl, por un lado es huitztli “espina” y por el otro ollin “movimiento”, por lo tanto de alguna forma podemos decir que Huitzillin hace referencia al “movimiento de las espinas”.

Es importante considerar que el idioma nahuatl es una estructura gramatical aglutinante que integra significados simbólicos, filosóficos y místicos, de esta forma es que para entender este lenguaje se requiere del contexto cultural.

Con esta premisa es posible afirmar que para el pensamiento nahuatl cuando se hace referencia a las espinas en códices y prácticas hablamos de una actividad en la que deberá haber disciplina, merecimiento y principalmente dominio de sí mismo.

Es innegable afirmar que somos animales racionales y los instintos que emanan de nuestra forma de vida nos llevan a tener una venda en los ojos que nos impide ver con claridad, por lo tanto distorsionamos nuestras relaciones creando una separación que nos deja en el aislamiento viviendo a merced de nuestras pasiones, de tal forma que dedicamos nuestra vida a solamente satisfacer nuestras necesidades biológicas inmediatas.

Quien vive a merced de sus pasiones siendo avaricioso, egocéntrico, envidioso, iracundo, glotón, lujurioso, etc. no tendrá tiempo ni energía para el desarrollo de su Ser espiritual.

Antes de continuar quiero aclarar que se entienda a la “espiritualidad” como el conjunto unificado de vínculos y relaciones que establecemos con todo nuestro entorno, por lo tanto ser “espiritual” es vivirse en la ausencia de separación sabiendo que somos uno con el agua, los árboles, la tierra, el sol, las montañas, nuestros semejantes, etc. etc.

Aclarado esto es posible entender que cuando dejamos de vivir para la satisfacción de nuestras necesidades biológicas siendo meramente animales racionales es como nos insertamos en un camino que paso a paso nos conduce a “humanizarnos”.

Este camino es el Sak Beh “camino blanco” de los Mayas, el Miccaohtli “camio de los muertos” de los Teotihuacanos o el “camino rojo” de los nativos americanos del norte, entonces, este camino en sí mismo es una senda que nos conduce al desarrollo de nuestro Ser Espiritual.

Retomando la esencia de estas letras es sustancial comprender que es imposible desarrollar la espiritualidad sin el merecimiento.

Entiéndase por merecimiento a la actitud de una persona que decide ser dueño de sí mismo mediante la auto-observación, la disciplina, el sacrificio, la renuncia y lo más importante: “la aceptación de su impermanencia” que no es otra cosa que comprender que en esta vida solo estamos un pequeño instante sobre la tierra.

Hablar del movimiento de las espinas es la actitud guerrera que se asocia con el colibrí porque esta pequeña ave ejemplifica de la mejor manera posible el dominio de sí mismo siendo más corazón que cuerpo y sobre todo teniendo absoluta voluntad en cada movimiento porque puede volar hacia adelante, hacia atrás, hacia los lados, estático e incluso volar con la cabeza vuelta abajo.

Quien decida ser “guerrero del espíritu” transita un camino donde la voluntad está determinada por el dominio de las pasiones propias y si lo decimos con el lenguaje de la Toltecayotl afirmaríamos que “el colibrí se mueve y aletea en nuestro corazón, rodeando de espinas nuestro centro racional, emocional, sexual y sentimental”.

Entendamos que la Toltecayotl es el arte de vivir en armonía con todas nuestras relaciones, pero este principio que nos lleva a humanizarnos no será posible sin el merecimiento que nos conduce por el camino más difícil de toda persona: “el dominio de sí mismo y la total responsabilidad sobre cada uno de nuestros movimientos”.

Es imposible valorar lo que no conocemos y si tu vida carece de Toltecayotl ten la seguridad que ese vacío que hay en tu ser se hará tan profundo que no te permitirá asomar la cabeza para ver con la luz del sol el camino que te ha de conducir a la plenitud de tus relaciones.

Que el colibrí revoloteé en tu corazón y las espinas sean del tamaño correcto para que cada paso en tu andar te apropien de la dignidad de ser llamado “Ser Humano”, son los mejores deseos de tu hermano Tlahuilcoatl.