Cueitl

Cueitl “La falda”

Los antiguos Toltecas, “artistas del arte de vivir” plasmaron su filosofía en símbolos que en ningún caso fueron superficiales ya que cada uno de los elemento que componen su cosmogonía modelaron conceptos cuyos significados son asequibles solo a aquellos que puedan interpretar el mundo desde una óptica Tolteca. Esta es la razón por la cual los europeos de ninguna manera estuvieron cerca de comprender el mundo de los anahuacas.

Uno de los elementos configurativos del pensamiento Tolteca está expresado en la falda como un símbolo asociado a lo femenino creador. Así es, cada escultura, pintura o nombre que contenga a la falda como elemento central nos estará evocando a la Madre que crea los espacios y circunstancias para proveer de todo lo necesario para la vida.

Cueitl, “la falda” mas allá de estar centrado sólo en lo sagrado femenino está pensado también en su creación que son los hijos. Lo que hace a una madre asumirse como tal son sus hijos porque son una extensión de ella y el amor profundo que siente por su creación le hace entregarse en cuerpo y alma a fin de que sus crías cuenten con todo lo necesario para su desarrollo.

Una madre cuando asume su tarea provee acompañamiento, sustento, calor, seguridad y dedica sus esfuerzos a los seres que ha engendrado, para que no carezcan de los recursos necesarios que les sustenten la vida.

Un hijo principalmente en su etapa infante dependerá en su totalidad de su madre para que ella sea quien le lleve el alimento a la boca, lo arrope, lo estimule, lo cuide y le muestre la realidad ya que el pequeño por sus propios medios es incapaz de proveerse de una forma de vida con sus fuerzas y recursos. Esta idea central es la que nos lleva a afirmar que los hijos al necesitar de su madre para su propia supervivencia están permanentemente asidos a su falda.

Esta figura materna para los Toltecas está pensada en la madre de todos los seres humanos que es Tonantzin “nuestra venerable Madre” y ella nos tiende una falda de la cual nos sujetamos para sustentarnos, desarrollar la vida y crecer.

Tonantzin es la madre amorosa que viste diferentes faldas.

Ella es Chalchiuhtlicue “la de falda de jade” que con su falda de agua nos provee del líquido vital para beber de sus manantiales, ríos, lagos y mares, de tal forma que se mantenga nuestra vida y esa misma agua riega los campos de cultivo para entregarnos el sagrado maíz, nuestro alimento físico y espiritual.

También es Coatlicue “la de falda de serpientes”, porque nos tiene junto a ella viviendo en los valles, cerros y montañas. En algún punto de su falda tenemos nuestro hogar hecho de piedra, de tierra, de madera o de cualquier otro elemento generado y proveído por ella. Otra simbología interesante esta en los surcos del campo de cultivo que son las serpientes que se entrelazan para generar los alimentos que sustentan nuestra vida.

Otra de las faldas que porta es Yolotlicue “la falda de corazones” donde por un lado ella expresa su profundo amor por nosotros al entregarnos los recursos de la vida, nos da su calor, sus paisajes, y puso en cada uno de nosotros lo mas valioso que es un corazón donde el movimiento expresa la vida. Nuestro cuerpo es una extensión de Tonantzin porque él está hecho de lo mismo que la compone que son sus cuatro elementos. También podemos decir que sobre su falda están latiendo los corazones de todas las especies.

Una expresión mas es Citlalicue “la que porta una falda de estrellas”. En esta hermosa representación Tonantzin viste con una falda de estrellas dado que es una madre que nos arropa y cobija con su manto estelar para que por las noches no andemos a oscuras y tengamos una referencia al buscar una dirección o un camino. Su fuente de energía y calor del manto estelar está en el mismo Sol como centro de vida.

Como vemos, ¿quién de nosotros no está asido a la falda de nuestra Madre Tonantzin?

La profundidad y hermosura de la Toltecayotl si buen está integrada en conceptos tan sencillos y profundos como este, también su comprensión dependerá de nuestro estado enajenado, o sea que si queremos de verdad darle contenido a nuestra vida será necesario reconocernos como parte de la tierra, sin separaciones, sin creernos dueños de ella y de sus recursos.

Sólo la humildad del corazón hace que nos descubramos como infantes, como críos de Tonantzin con esas ganas de descubrir el mundo y maravillarnos, admirarnos y sorprendernos con cada suceso que descubrimos de ella.

En esta lógica de pensamiento es tiempo de replantearnos como vivimos en la tierra porque nos hemos creído el cuento de que con nuestro desarrollo tecnológico hemos madurado como especie cuando en realidad nos mantenemos en un retroceso creyendo que hemos poseído a la Madre, hecho que hasta desde un punto psicoanalítico plantea una perversión, una desestructura de la personalidad, una filia enajenada, por lo tanto enfermiza. Así nos encontramos como especie.

Nuestros abuelos Toltecas encontraron la fórmula para vivir en armonía por más de mil años, por lo mismo debemos retomar su forma de ver la realidad, su práctica de vida, con sencillez, con humildad, con la comprensión de que sin Tonantzin, sin sus cuidados y atenciones perecemos.

Recibe el cobijo de la falda de Tonantin y un abrazo de tu hermano Tlahuilcoatl.