Yohualtecuhtli

La civilización de Anahuac es creadora de una de las cosmovisiones originarias de la historia de la humanidad, por lo tanto su sistema de pensamiento estará integrado por aspectos ligados a la ciencia, el arte, la filosofía y la mística.

Cada uno de los símbolos que dejaron los antiguos mexicanos plasmados en diferentes medios como códices, frescos y relieves en piedra de ninguna forma son establecidos al azar, por el contrario mantienen un orden, un significado y una estructura que nos revela el entendimiento de las fuerzas que determinan los diferentes planos en los cuales transita la vida del Ser Humano.

En nuestra herencia cultural contamos con el códice Fejérváry-Mayer que lamentablemente forma parte del museo de Liverpool en Inglaterra y en él está representada una matriz geométrica que describe la relación biunívoca entre el espacio-tiempo.

Este códice es un cosmograma tridimensional que integra los planos vertical y horizontal, en los cuales el tiempo es la resultante de todo el propósito del Universo en el cual se entrelazan energías relacionadas con el día, la noche, el cielo, la tierra y el inframundo.

Este códice es considerado una integración de conocimiento entre las culturas anahuacas, principalmente la mixteca-zapoteca, maya y nahua, por lo tanto partiendo de su belleza y profundidad es considerado como uno de los máximos emblemas de nuestra herencia cultural.

La cosmovisión de Anahuac está suficientemente sostenida en una ciencia y filosofía originaria que dio pie a la cuenta del tiempo más exacta creada por los seres humanos, en este sentido mientras en la europa de la edad media consideraban todavía que la tierra era plana los antiguos mexicanos sabían que el eje de rotación de la tierra realiza un giro completo en un tiempo de 25,125 años y ya habían determinado que en un tiempo exacto de 8 años terrestres sucedían 5 ciclos sinódicos entre Venus y nuestro planeta, alineaciones en las cuales cada 104 años el planeta Venus pasa frente al Sol.

Específicamente en el códice Fejérváry-Mayer el plano horizontal está dividido en cuatro espacios que determinan las direcciones cósmicas, estos serán sitios de los cuales llevan al centro las energías necesarias para crear la vida, el color y el movimiento. El espacio vertical será piramidal donde hacia el cielo se toman trece niveles y hacia el inframundo nueve.

El cosmograma del códice especifica que en cada uno de los rumbos hay un árbol con ramas helicoidales, estos árboles especifican el espacio vertical. Con las ramas está Ilhuicatl el cielo, con el tronco Tlalticpac la superficie de la tierra donde habitamos y con las raíces el chicnaumictlan o inframundo.

Cada uno de estos árboles será un sostenedor y a la vez un enlazador porque su tronco es hueco y a través de él viajarán las diversas energías que influyen en el tiempo y el espacio. Esta es la razón por la cual los espacios horizontal y vertical están rodeados por los signos del Tonalamatl y a su vez la dualidad determina todo el espacio terrenal ya que al oriente el Acatl o carrizo (falo masculino) fecunda la casa (yoni femenino) y en contraposición el Tecpatl o cuchillo de obsidiana tiene la capacidad de terminar con la vida y la fertilidad simbolizada por el conejo. Espacio-tiempo, vida-muerte, masculino-femenino son las esencias o energías que hacen posible nuestra existencia.

Entre estos árboles sostenedores de cada uno de los rumbos del Universo y el centro se forman nueve espacios en cuyo contenido hay una energía regente que tendrá como función ser un intermediario, enlazador, comunicador o intercesor de las diversas fuerzas que fluyen desde el cielo hasta el inframundo, obviamente realizando su tránsito por el plano terrenal. A estas energías o esencias intercesoras, enlazadoras o comunicadoras nuestros abuelos les asignaron el nombre de Yohualtecuhtli o “protector de la noche”.

Los protectores nocturnos regirán cada uno de los días de la cuenta del tiempo y se alternarán para mantenerse presentes trabajando en la tarea de sustentar y sostener las fuentes esenciales de la vida y el tiempo.

En el códice Fejérváry-Mayer podemos conocer estos nueve espacios e identificar a cada uno de los regentes pero nótese que están divididos en tres grupos, los cuales podemos identificar por su color. En primer lugar de color rojo están representados Xiuhtecuhtli “el fuego protector”, Piltzintecuhtli “el pequeño protector” y Tepeyollotl “el corazón de la montaña”. Éstas energías son procedentes del mundo superior, del cielo y están ligadas al Sol, las estrellas y el cosmos. Su influencia está sobre los trece planos superiores al Ser humano, son energías sostenedoras.

En segundo lugar de color blanco están representados Iztli “el cuchillo encorbado de obsidiana”, Mictlantecuhtli “el protector de Mictlan o región de los descarnados” y Tlaloc “El néctar que de la tierra”. Éstas son esencias o energías de los planos obscuro, húmedo y frío influyentes desde el inframundo que son nueve niveles internos al plano terrenal, serán esenciales en la sustentación.

En tercer lugar, del color de la carne ubicamos a Chalchiuhtlicue “la que tiene faldas de jade”, Tlazolteotl “quien transforma la suciedad” y Centeotl “la sagrada energía del maíz”. Éstas son energías esenciales para la manutención y conservación dela vida sobre el Tlalticpac o “plano terrenal”, donde convivimos en diferentes ecosistemas las diferentes especies del reino vegetal y animal.

En esencia los Yohualtecuhtin o “protectores nocturnos” son axiomas, o sea un conjunto de atributos ligados a la representación de elementos y energías esenciales para mantener intercalados los diferentes planos en los que desarrollamos nuestra vida, por tanto son elementos que proveen energía celeste, luminosa de la cual las plantas y las especies animales requerimos para vivir, por ello es que sostienen nuestra existencia. También son elementos o sustancias del inframundo, donde están todos los elementos minerales y en donde están depositados los restos de nuestros antepasados, sin ellos no podría sustentarse la vida en la tierra ya que a final de cuentas cada una de las especies requiere de lo proveniente de la Madre Tierra para existir, y finalmente nuestro sagrado maíz es la culminación por excelencia en la que todos los propósitos del cielo, el inframundo y la tierra se concretan para que podamos existir, es una obra mágica del Universo mismo.

Muchos se han de preguntar… ¿por qué son energías nocturnas? y el sentido es por demás interesante y profundamente filosófico. Por ser nocturno no nos estamos refiriendo a la noche en sí misma, o sea al momento en que hay obscuridad y el Sol se encuentra oculto, más bien nos estamos refiriendo a lo oculto, a aquello que trabaja en un plano en que no podemos verlo con los sentidos físicos. Se menciona a la noche como algo oculto y el mejor ejemplo de ello es Tonatiuh, nuestro hacedor de calor que llamamos Sol, dado que él para nuestra percepción puede estar ausente, sin embargo su labor se está realizando en un sitio en el que no lo podemos percibir.

Las energías nocturnas como argumentábamos son esencias intermediarias, enlazadoras, comunicadoras e intercesoras entre los planos celeste, terrestre e infrahumano y trabajan permanentemente de una forma oculta, sin que sea visible a nuestros sentidos externos o inmediatos, pero ahí están. Gracias a estas energías es como llega hasta nosotros el sagrado maíz, el tonal como calor esencial y nuestra materia corporal como entidad física que contiene al alma la cual existe dentro de un espacio en el que el tiempo es el mayor regalo que se ha proveído.

Este profundo sistema de pensamiento filosófico parte de la Toltecayotl que es el conocimiento más elevado del Anáhuac. Con él es posible acceder al entendimiento del Universo mismo y ser conscientes de que el tiempo y el espacio es el mayor regalo de la dualidad creadora para nosotros, en otras palabras se nos da un tiempo sobre la tierra, siendo parte de la materia y del espacio para que logremos cumplir con el propósito más elevado de nuestro Ser.

Estamos regidos por las energías nocturnas que trabajan permanentemente en un plano oculto, sin que seamos totalmente conscientes de ello, en otras palabras a cada instante, a cada momento y en cada espacio somos bendecidos.