Un guerrero tiene una práctica.

El guerrero es disciplinado con su auto-observación ya que su crecimiento está en función de esto. Al auto-observarse procura no identificarse con las cualidades de los demás, sean positivas o negativas, debido a que entiende que cada persona cuenta con autonomía y plena libertad de conducirse en base a su estado de conciencia. Le permite a los demás que sean como su naturaleza les indique, por lo tanto no pretende ni intenta cambiar a nadie. Sabe que éste es el espejo de Tezcatlipoca.

Un guerrero es cazador, se pone la piel del ocelote y las plumas del águila, de esta manera consigue un desplazamiento sigiloso y un vuelo alto. ¿Su objetivo? Dar caza al Chalchiuhtotolin (guajolote de jade) que es la personificación de todos los defectos que puede poseer el animal racional.

El objetivo de un guerrero es estar situado en el centro. Desde ahí diferencia lo que esta fuera de él y lo que le pertenece, por lo tanto no desea ni pelea lo que no es suyo. Al encontrar el centro deja fruir su sentir y camina en la dirección indicada para que la vida lo coloque en el lugar donde puede ser mas útil.

Un guerrero sabe distinguir lo fundamental de lo superfluo, es así como sabe que lo de afuera es solo una impresión que no refleja la verdadera esencia de las cosas, por lo tanto no prejuzga y se maravilla con las cosas más sencillas de las cuales permanentemente estamos rodeados.

El guerrero ha hecho de la muerte su mejor compañera, ha renunciado al mundo, sabe que lo único que es suyo es el instante en que vive. Entiende que ni el cuerpo que le hace experimentar con los sentidos es de él. Ha muerto, ha renunciado al deseo de estar por siempre en la tierra, en consecuencia sabe aprovechar el presente.

La práctica de un guerrero esta fuera de la zona de confort. El temazcal le enseña que aunque las condiciones son totalmente adversas se puede respirar profundo, estar en calma, con serenidad en el pensamiento. De la danza aprende que se requiere el máximo esfuerzo para entender los movimientos que hace la naturaleza. De la contemplación en la montaña o en la cueva aprende que la soledad y el retiro son necesarios para alcanzar a escuchar el corazón.

El único miedo de un guerrero... No ser él mismo, no ser auténtico.