Tsinacantli "el murciélago”

Los antiguos mexicanos elaboraron representaciones y construyeron templos dedicados al murciélago. Éste constituye un concepto filosófico que representa nuestro estado de involución, por lo tanto es todo aquello en lo que no debe convertirse un ser humano.

El murciélago tiene ojos y no ve, vuela pero no tiene plumas, vive de cabeza y su morada es la oscuridad. Aunque sea joven tiene un aspecto avegentado, no se le ve de día, la luz del Padre Sol le representa un estorbo.

Nuestros abuelos nos enseñaron que hay personas que viven bajo esta condición. Su vida es tan oscura y retorcida que muy difícilmente logran encontrar un lugar digno en su comunidad y aportar algo a su entorno.

El murciélago es la antítesis del ser humano, de esta manera es como a este mundo venimos a trascender los diferentes estados animales en los que podemos convertirnos si no nos disciplinamos en el auto-conocimiento.

Si pretendemos trascender el estado interno que representa el murciélago se requiere salir de la oscuridad y permitir en nuestra vida que el Padre Sol sea nuestra guía. Se necesita deshacerse de lo viejo y pesado, abrir los ojos, y lo más importante... desarrollar nuestro plumaje.

Sabemos que en la tradición Tolteca las plumas son un símbolo asociado al espíritu.

Nuestro primer plumaje deberá ser de colibrí ya que el primer vuelo necesita estar sustentado en la voluntad. Con cada vuelo nuestro plumaje va desarrollándose cada vez más hasta ser como el de un águila y así lograr un vuelo alto, tan alto que nos integremos al Sol surcando la bóveda celeste.
Con nuestro plumaje de águila, en un estado de elevación tendremos la visión suficiente para saber cuál es nuestro lugar y nuestro papel en el mundo. Nos hemos convertido en verdaderos guerreros del espíritu ante lo cual llega el tiempo de descender a la tierra y ser alimento de nuestro pueblo.

Al poner los pies en la tierra sí y solo sí servimos a nuestro pueblo, a nuestra tierra, es como nuestro último plumaje tendrá la forma y el color del Quetzal, embelleciendo con nuestros colores y nuestros cantos el plano donde viven hombres y mujeres.