Toltecayotl vs Religión

Todas y cada una de las civilizaciones antiguas han desarrollado como parte de su estructura aspectos sociales, culturales, artísticos, religiosos y filosóficos, dado que la actividad del hombre responde a toda una serie de aspectos filogenéticos (lo que se hereda de una generación a otra) y ontogenéticos (lo que se apropia y desarrolla a partir del nacimiento de cada persona).

El ser humano al nacer solo cuenta con los instintos que le aseguran la supervivencia pero en sí mismo es tierra fértil para que en él sean sembrados todos los aspectos culturales, morales y de lógica social que le dotarán de las herramientas necesarias para desempeñar su actividad en la comunidad, por lo tanto al nacer llegamos como una tabla sin escrituras y da inicio todo un proceso de interiorización y apropiación.

Cuando cada uno de nosotros nacimos ya existía el lenguaje, las costumbres, creencias, mitos, ritos y tradiciones que en el transcurso de nuestro desarrollo vamos interiorizando, lo vamos haciendo nuestro, nos lo apropiamos y también lo practicamos. De aquí es donde nace la “cultura”, palabra asociada directamente con el “cultivo” o el acto de “cultivar”, que en el caso al que nos referimos señalamos directamente el “cultivo” de los hombres y mujeres de una determinada comunidad o nación.

En este sentido la familia y la comunidad serán el campo fértil del cual una persona se cultivará, se nutrirá para desarrollar su personalidad, en otras palabras, un ser humano en el transcurso de su desarrollo tomará, se apropiará y personalizará todo un conjunto de pensamientos, ideas, creencias, normas y pautas que le servirán para actuar frente a su realidad.

Esto nos deja claro que no somos tan individuales como creemos, en esencia nosotros somos el conjunto y la suma de todas las cosas que hemos personalizado de nuestro entorno, a lo cual llamamos “inconsciente colectivo” porque en la forma de conducirnos estamos expresando aquello que fue transmitido de una generación a otra, de una familia a la otra y de una comunidad a la otra.

A manera de ejemplo podemos revisar la historia de México y nos daremos cuenta que el atraso que tenemos en muchos aspectos como nación, principalmente de orden social y político responden a la devastadora colonización a la que hemos sido impuestos desde hace casi 500 años. En cambio cuando surgen necesidades comunitarias el pueblo responde de manera altruista de una forma espectacular y cuando tenemos cercanía con la forma de vida y pensamiento de nuestros sabios abuelos del antiguo Anahuac la visión de la realidad se transforma en un sentido de orgullo, nacionalismo y sentido de vida. Estas dos facetas de nuestra existencia moran y viven activamente en nuestro inconsciente colectivo, de aquí que nuestro gobierno colonizador recurre a todos los medios posibles para erradicar nuestra identidad porque ello nos hace vulnerables y serviles a sus más perversos intereses.

Entiéndase por colonización la ocupación de un estado extranjero que a base de imposición, fuerza y genocidio se apropia de los recursos naturales, recursos humanos (esclavitud) y de la riqueza cultural para beneficio propio. Esto no sucedió hace 500 años, en esencia en pleno siglo XXI seguimos siendo saqueados, esclavizados y masacrados por una élite colonizadora.

La historia de la humanidad como entes civilizadores se remonta tan solo a 10,000 años con el surgimiento las grandes civilizaciones y es interesante revisar sus procesos de evolución en la cual indefectiblemente se han hecho presentes la religión y la filosofía, dos aspectos del desarrollo humano que distan de ser equiparables en su estructura. Analicemos.

Cuando el hombre primitivo se observa a sí mismo frente a los fenómenos de la naturaleza se reconoce impotente ante la magnitud de las fuerzas ya que no tiene los recursos para frenar la tormenta, el rayo, la erupción de un volcán, las inundaciones, los terremotos, las sequías, las plagas, etc., entonces crea una fuerza colectiva mediante comunidades en al cual estará depositada su seguridad, ya no está totalmente solo e indefenso. Entre más dependa de la colectividad más indefenso estará frente a la naturaleza.

Nos guste o no el ser humano es la especie más indefensa sobre este planeta, para muestra solo tenemos que pensar en el hombre “moderno” que conduce su auto de lujo, tiene servicios de “primera” en su hogar y cuenta con un empleo que lo posiciona en la “élite” social, si a éste sujeto lo sustraemos de la colectividad y lo dejamos solo frente a la naturaleza estaría completamente vulnerable, sin recursos y completamente indefenso porque no sabría como seleccionar los alimentos ni mucho menos producirlos. No tendría los recursos para defenderse del clima y estaría totalmente expuesto ante los animales que son por obviedad más grandes y fuertes que él, por lo tanto, perecería.

La colectividad crea este sentido de seguridad pero esta estructura no domina los riesgos que se tienen frente a los fenómenos de la naturaleza y se ha sumado uno más que es la lucha entre tribus que pelean por el territorio, por el poder, por el dominio. Las guerras y luchas a muerte por defender a su comunidad se convierte en su nuevo miedo.

Ante este proceso que se vivió en toda civilización fue creada la religión como una forma de buscar protección divina, asistencia ideológica para saber cómo posicionarse ante el enemigo y a final de cuentas la presencia de un padre y una madre omnipotentes que los resguarde en seguridad frente a los riesgos. Por lo tanto entiéndase por religión un proceso mediante el cual el ser humano “humaniza la divinidad”. Es un proceso en el cual los hombres y mujeres hacen descender la divinidad y la humanizan dandole forma y personalidad propia, le atribuyen poderes sobre la naturaleza y sobre la actividad humana, por lo tanto hay que vivir supeditados a este arquetipo construido con un propósito.

En la religión se debe entregar la individualidad frente a este “Dios” para que sea él quien guíe nuestras vidas porque en toda estructura religiosa hay dogmas, pautas de conducta, creencias incuestionables, mandamientos y finalmente sobre la tierra un “representante” de este dios que dictará el rumbo y dirección de la práctica religiosa. En esencia las religiones son todo un constructo social, organizacional y hasta de poder que tiene como fondo esencial el miedo del ser humano por reconocerse dentro de su inconsciente totalmente vulnerable ante la naturaleza.

La tesis fundamental de Erich Fromm en su libro “el miedo a la libertad” gira en torno a este concepto en el cual la entrega de la individualidad, la entrega de la libertad es el costo que el ser humano tiene que asumir por la falsa seguridad que ofrece un gobierno o una religión. Por este motivo las religiones siempre se mantendrán estrechamente relacionadas al poder político ya que siempre han ido de la mano, su sustento es el mismo.

Sin embargo esto no quiere decir que la divinidad no exista, esto no quiere decir que las cosas del espíritu estén en el vacío, esto no quiere decir que no haya una esencia divina que rija la marcha del Universo.

Es imprescindible entender que cada una de las seis civilizaciones milenarias y autónomas que se han desarrollado en la historia de la humanidad han integrado cuatro pilares fundamentales que sustentan la actividad humana, éstas son la ciencia, el arte, la mística y finalmente la filosofía.

Efectivamente la filosofía es el constructo que sintetizará el mas alto grado de pensamiento alcanzado, es la síntesis de la evolución de una sociedad porque en ella están las respuestas a las preguntas fundamentales y ontológicas de la humanidad. En este sentido la filosofía provee las estructuras necesarias para que el animal racional se humanice y descubra cual es su lugar y su función dentro del Universo.

La filosofía hace libres a los seres humanos porque no hay dogmas incuestionables para seguir, por el contrario hay estructura de pensamiento, análisis, epistemología y síntesis para que cada estudiante, para que cada iniciado descubra cual es la realidad que le rodea. La filosofía te entrega la sabiduría que los grandes hombres y mujeres han ido integrando durante miles de años, por lo tanto es experiencia pura, naturaleza en su máximo florecimiento, entonces, en un filósofo habitan miles de personas que de a poco han contribuido con un legado que se dejó para las siguientes generaciones.

Quien vive en la religión espera a su pastor con miras a que guíe el rebaño de ovejas, quien vive en la filosofía espera a su maestro para que le ayude a pensar y por sí mismo decidir el rumbo a tomar, sea en comunidad o en su individualidad.

Las religiones humanizan a “Dios” y le establecen voluntad propia, deseos, pasiones, se le asigna poder sobre la naturaleza y sobre los seres humanos. Por supuesto aquí el representante de dios en la tierra interpreta la voluntad del ser supremo estableciendo una serie de pautas entre las prácticas y rituales religiosos, de esta manera re-ligarse a lo divino gira en función de las pautas eclesiásticas. Como se había enfatizado anteriormente la religión hace descender lo divino y se le humaniza.

El propósito de la filosofía es estructurar un orden epistémico de la realidad, en otras palabras es una práctica de análisis y síntesis que hace posible construir el pensamiento y definir la naturaleza de las cosas mediante fundamentos sólidos en la composición material e inmaterial del Universo. En esta lógica el hombre se posa como centro de su propio Universo y no le designa a una personalidad externa (dios) la responsabilidad sobre su actividad.

Es así como afirmamos categóricamente que la filosofía cumple con el propósito de retornar al Ser Humano a su naturaleza divina ya que esta práctica lo coloca en estado de Unidad, o sea integrado a un Universo que está compuesto por lo mismo que él. Aquí no hay dogmas, mandamientos y voluntades externas, por el contrario hay conciencia.

Aquella persona que se acerca a la filosofía le da contenido a su vida y se convierte en un fuego viviente que arde para iluminar su camino y sea de paso alumbrar el camino de los congéneres. Bajo los preceptos filosóficos existen todos nuestros ancestros que de apoco aportaron con su lenguaje, pensamientos, descubrimientos y experiencias una forma de vida en la que se da sentido a la actividad humana.

Si en tu forma de vida integras la filosofía no necesitarás dogmas, creencias y mandamientos porque al desarrollar la conciencia todo se resume a un estado de equilibrio partiendo de estructuras conscientes y autoconscientes, dicho de otra forma un equilibrio entre lo que es interno y lo que es externo. Con la filosofía simplemente no harás a los demás lo que no te harías a ti mismo, no dañarías a tu entorno como te dañarías a ti.

En todas las culturas de Anahuac, en el antiguo México se desarrolló una civilización milenaria que alcanzó el grado máximo de pensamiento, se integró una filosofía llamada Toltecayotl. En este sentido bien apunta Guillermo Marín al decir: “Si (en el Viejo Mundo) tuvieron el Tao, el hinduismo y el budismo, nosotros tenemos la Toltecayotl, el pensamiento filosófico del México antiguo. Si otras civilizaciones tuvieron a Zoroastro, Hermes, Buda, y basaron su alimentación en el trigo, el arroz o la papa, nosotros tenemos a Quetzalcoatl y el maíz... Más que una cultura o etnia, tolteca fue un grado de conocimiento de los hombres sabios del México antiguo, y Teotihuacan fue el centro generador e irradiador de la Toltecayotl en todo el Anahuac”.

En Anahuac mientras nosotros vivíamos en la Toltecayotl los europeos impusieron con la espada a la religión lo que significó un atraso en nuestro desarrollo como nación. El efecto colonizador fue tan devastador que hasta el día de hoy padecemos los efectos de este impactante cambio, por lo tanto, es absolutamente claro que mientras los mexicanos no recuperemos nuestra memoria histórica y mientras no retomemos la Toltecayotl seguiremos colonizados, no solo desde la estructura política, educativa, religiosa, económica, etc, sino desde nuestra mentalidad.

Para retomar de nuevo la Toltecayotl debemos situarnos en el centro del Universo, el cual no está en algún sitio, no hay que buscar afuera ya que el centro del Universo se encuentra en nuestro corazón dado que aquí, al latir, al correr de la sangre están confluyendo todas las fuerzas de la creación, las cuales interactúan desde los cuatro puntos cardinales, descienden del cielo, suben del inframundo y todas se interrelacionan en el Nican Axcan, el momento presente, aquí y ahora.

Nuestros sabios abuelos Toltecas expresaron este proceso con un árbol de raíces profundas que se erigía de la piel del Cipactli, del gran caimán que nos sostiene sobre Anahuac, o sea las aguas continentales. En su base mora Tlaltecuhtli, quien porta la máscara de Yohualtecuhtli y se afianza con garras de Jaguar. Es el día y la noche, la dualidad sagrada.

Del gran árbol de la vida emana el maíz, nuestro sustento sagrado quien es custodiado, sostenido y sustentado por la sangre de Quetzalcoatl y Xochipilli, la sabiduría y la fertilidad. Sus ramas helicoidales que se han erguido hacia el cosmos se abren hacia los cuatro puntos cardinales para que en ellas, en forma de ave de vuelo alto se pose el Gran Espíritu, la Gran Conciencia que rige la marcha del Universo, una energía dual que equilibra las fuerzas para mantenerse en equilibrio.

En esencia este árbol nos representa en una naturaleza que nos permite mantenernos erguidos con las raíces profundas, nos nutrimos de la tierra que da el maíz para hacer la vida y del cielo llega la energía cósmica, solar, que hace florecer los corazones de los Macehuales, de aquellos que han merecido tener un tiempo sobre la tierra.

Conozcamos y vivamos la Toltecayotl, en este modelo filosófico está nuestro retorno al origen y a nuestro equilibrio. Éste es un conocimiento que nos ha sido negado a los mexicanos, se nos ha impuesto un enfoque colonizante, eurocéntrico haciéndonos creer que lo único válido para ser considerado arte y filosofía proviene de la antigua Grecia.

Con la Toltecayotl retornemos a la divinidad, personalicemos, e interioricemos nuestra herencia sagrada, desarrollemos raíces profundas que nos den una forma de vida sólida, sustentable y equilibrada, raíces que nos permitan tocar con nuestras ramas, con nuestra diversidad aquellos atributos relacionados al espíritu. Abramos nuestra mente, nuestro corazón para que ahí se manifieste Quetzalcoatl, la gran Conciencia Cósmica.