Tlahuiztlampa

En el Oriente recibimos el consejo de nuestros ancestros, y es a través de ellos que nos conectamos con Quetzalcoatl, la serpiente emplumada que aprendió a volar por medio de la sabiduría preciosa.

Éste guardián del Tlahuiztlampa (lugar o rumbo de la Luz), el Oriente, se erige como el carrizo a fin de ascender toda su energía creadora hasta los mundos suprasencibles. Lo representa el Atecocolli (caracol), símbolo de la evolución constante.

Él nos asiste para desarrollar la sabiduría que ha de guiar nuestras vidas.

Su manifestación es el rayo de luz primigenio que nos muestra los misterios del universo; es quien nos enseña la manera correcta de vivir para llegar a ser un verdadero Macehualli (hombre merecido) aquí en el Tlalticpac (sobre la tierra) en donde la realidad es cambiante y perecedera del mundo.