Tepeyollotl
El corazón de la montaña

Con toda seguridad Tepeyollotl, el corazón de la montaña encierra uno de los conceptos filosóficos más profundos de los antiguos mexicanos.

Tepeyollotl es una de las advocaciones de Tezcatlipoca Titlacahuan “El humear del espejo que todos poseemos en el interior”. Ésta es una forma de hacer referencia a la conciencia interior con la cual podemos apropiarnos de una cosmogonía en la interpretación y entendimiento de nuestra realidad.

Aquí Tezatlipoca se arropa con la piel del Ocelote o Jaguar. En sus atavíos ya sea en su tocado de plumas o a sus pies muestra el espejo humeante. Igualmente en su rostro está presente la franja de color negro que le caracteriza. Porta las espinas del autosacrificio y el canto emana de su boca.

Para entender el profundo simbolismo que encierra en sí mismo el Ocelote requerimos acercarnos al pensamiento simbólico y artístico de los antiguos Toltecas.

En la cosmovisión de nuestros sabios abuelos Tepeyollotl vincula el corazón del cielo con el corazón de la tierra.

Del cielo nocturno toma las estrellas y cada una de ellas es un punto que se dibujará en la piel del Ocelote. A través de la montaña brota el magma que es la sangre líquida de la Madre Tierra, esta sangre le pondrá el color naranja-rojizo característico del pelaje en el Ocelote-Jaguar.

La montaña es una elevación hacia el cielo para que en la cúspide se mezcle el magma con el cielo estrellado, el resultado será un Ocelote-Jaguar que camina sobre la tierra.

En otras palabras el Ocelote-Jaguar es la conciencia cósmica asociada a los planos celeste y terrenal. El movimiento de la vida se hace posible en la intersección de estos dos planos y los animales racionales somos influenciados por ambos.

Entonces, Tepeyollotl es un concepto que nos habla de la fusión del corazón del cielo con el corazón de la tierra. El Ocelote-jaguar tiene movimiento, camina y desarrolla su vida en el plano intermedio, donde interaccionan especies vegetales, marinas y humanas.

Apropiarse de esta conciencia cósmica y conocerla desde el espejo interior dota a los animales racionales de la capacidad de humanizarse, entendiendo que nuestro propósito en la vida es desarrollar la fuerza del Ocelote-Jaguar que es la fuerza del espíritu porque en nuestro corazón se unen el cielo, la tierra y los cuatro puntos cardinales. Las púas del autosacrificio representan el esfuerzo que hacemos por perfeccionarnos al hacer frente a las inmundicias que nos aletargan en el proceso de evolución.

Nuestros abuelos nos enseñaron que tenemos que subir la montaña, internarnos en el monte, y llegar a la cúspide para que desde ahí seamos parte de la Unidad, un estado en el que sabemos que nuestro corazón es el resultado evolutivo de todas las fuerzas del cosmos, de los elementos de la naturaleza y del papel que juega la humanidad en el plano terrenal.

Esta es la razón por la cual en Anahuac encontramos la construcción de muchos templos en las montañas. La voluntad (espinas) de nuestros viejos abuelos siempre estuvo marcada por esa búsqueda de darle sentido a nuestra estancia aquí.

Subir una montaña no es necesariamente el acto físico de caminarla, por el contrario nos habla también de la intención de ascender y acrecentar el espíritu humano para reconocernos como parte de la creación cósmica.

Que en tu rostro y en tu corazón se dibujen todos los atributos de Tepeyollotl, son los mejores deseos de tu hermano Tlahuilcoatl.