Indefectiblemente, somos mestizos.

En nuestra sangre corren los genes de los europeos pero de igual forma está presente la gota de sangre de nuestros ancestros del Cem Anahuac.

Aquello que hace la gran diferencia radica en un acto grandioso de la vida donde esta tierra nos vio nacer y es la que nos cobija, nos alimenta.

En esta tierra de Anahuac caminaron nuestros ancestros y construyeron sus sueños, transitaron sus vidas y miraron el cielo con la misma perspectiva con la que ahora lo hacemos nosotros.
Tenemos la gran oportunidad de transitar los senderos que ellos caminaron por sus teocallis "templos", interactuar con los pueblos en los que ellos habitaron y sobre todo, adoptar su visión y forma de vida que es originaria, milenaria.

Nacer en esta tierra nos dignifica, nos da identidad, le da sentido a cada paso, por lo tanto, negar nuestro origen es negarse a la vida y quien se niega a vivir se anula como persona.

Honremos a nuestra tierra donde está sembrada la raíz que trae hasta nosotros nobles frutos.

Recibe un abrazo de tu hermano Tlahuilcoatl.