Solsticio de Invierno

Todos los seres humanos formamos parte de la naturaleza a pesar de que hemos perdido la conciencia de ello y funcionamos conectados a ella pero de una manera inconciente, un ejemplo claro de ello es el proceso de invierno que se caracteriza por la muerte de la naturaleza en la que las plantas, la hierba y las hojas de los árboles perecen con el objetivo de retraerse y preparar un nuevo florecimiento en primavera. Nosotros acostumbramos a vestirnos en invierno con ropa oscura, nos ponemos de luto junto con la Madre Naturaleza y nos retraemos para preparar nuestros proyectos del ciclo siguiente.

Al estar ligados a la naturaleza podemos aprovechar sus ciclos y sus ritmos de manera conciente para que nuestro transitar en esta vida adquiera un significado mayor y descubramos más fácilmente nuestra misión en la vida.

En esto radica la importancia de trabajar aprovechando la energía que proporciona el solsticio de invierno.

Nuestro Padre Sol nace en el oriente y se oculta en el poniente sin embargo también tiene un recorrido de norte a sur. Es evidente que el Sol nunca sale en la misma posición cada día y en su recorrido transita por seis puntos que nuestros ancestros Olmecas, Toltecas, Zapotecas, Mayas y Mexicas conocían perfectamente porque en ellos están marcados los cambios energéticos mas visibles de la madre Tierra.

Los seis puntos en los que se ubica el Tonatiuh, el sol, comprenden: dos solsticios, dos equinoccios y dos pasos del Sol por el cenit.

  • El solsticio de invierno comprende el punto máximo de recorrido que hace Tonatiuh en el sur y comienza su recorrido de regreso hacia el norte. Este momento se da entre el 21 o 22 de diciembre del calendario gregoriano.
  • El equinoccio de  primavera es el punto central de todo el recorrido donde el día dura lo mismo que la noche. Es un momento de perfecto equilibro en la naturaleza y el cosmos. Lo celebramos el 21 o 22 de marzo.
  • El solsticio de verano marca el máximo recorrido que hace Tonatiuh hacia el rumbo norte y a partir de ahí regresa hacia el Sur. Llega el 21 o 22 de junio.
  • El equinoccio de otoño nuevamente se localiza en el punto central del recorrido. Se presenta entre el 21 y 22 de septiembre.
  • El paso cenital del Sol es el momento en que Tonatiuh emite su mayor fuerza sobre la naturaleza y donde su luz y energía llegan al máximo esplendor. Este fenómeno se da el 19 de mayo y el 26 de julio en Tenochtitlan, el centro de nuestra querida Anahuac. En este día si elevamos una vara perfectamente vertical el Sol no producirá sombra

En este dibujo lo hemos expresado.

Basados es la filosofía Tolteca-Mexicah es como sabemos que el solsticio de invierno esta asociado a Huitzilopochtli que del Náhuatl significa colibrí zurdo o izquierdo colibrizado. Si miramos hacia el poniente como lo hace el Sol al amanecer del lado izquierdo (el sur) es donde el Sol alcanza su recorrido máximo en invierno.

A Tonatiuh se le concibe como un colibrí porque es tierno, sensible y pequeño, justo como el Sol de invierno, sin embargo en él esta concentrada toda la fuerza que necesita para crecer cada día hasta convertirse en una gran Águila en verano. En el periodo invernal cuando descansa la naturaleza las semillas están depositadas en la tierra esperando el momento de su florecimiento.

El trabajo místico que hace Tonatiuh se plasma en este recorrido donde cada día al moverse mas hacia el norte pasa por primavera dando flores, generando vida y poniendo color y alegría a la naturaleza. El Sol en primavera se convierte en Quetzaltototl el ave preciosa de plumas brillantes que deja ver su hermosura.

 En su primer paso por el cenit el Sol proporciona todas las condiciones para que se comiencen a elaborar los frutos que han de alimentar a las especies sobre la tierra y en verano alcanzan su máximo esplendor.

En su segundo paso por el cenit ya en Julio Tonatiuh se eleva abriendo sus alas como águila radiante que hace descender toda su energía para que se concentre en los frutos. A este momento se le llama Tonalnepantla “la energía central” que es lo que se plasma en el códice Mendoza donde el águila se posa sobre un nopal en Tenochtitlan formando el Atl Tlachinolli que es el origen de nuestro escudo nacional, representando el encuentro del fuego solar y el agua terrestre que se unen para dar la vida en “Mexico”, “el ombligo de la luna”, el lugar por donde se alimenta la Tierra.

De regreso en el equinoccio de otoño comienza la recolección, la cosecha y las plantas nuevamente comienzan a perecer dejando en la tierra las semillas. Finalmente el Sol se posa en el Sur siendo un colibrí para iniciar un nuevo ciclo.

Huitzilopochtli

Huitzilopochtli representa al Sol de invierno que a pesar de ser pequeño pone toda su fuerza de voluntad para crecer día con día hasta convertirse en una gran águila radiante. Es el guerrero incansable que lucha día a día cumpliendo el trabajo que le corresponde, se eleva, da flores, frutos y alimenta a las semillas. Lucha contra sus limitaciones y bate fuertemente sus alas de fuego que dan luminosidad.

¿Todo este proceso que tiene que ver con nosotros?
Simple y sencillamente tenemos que aprender a trabajar como lo hicieron nuestros ancestros. Tenemos que aprender que todo el trabajo que hay por hacer en nosotros mismos es igual al que hace la naturaleza en su interacción con el cosmos.

Cada ser humano es una semilla que se siembra en un pedazo de tierra, o sea, ¡Nuestro cuerpo en forma humana! ¿o acaso nuestro cuerpo no está hecho de lo mismo que la naturaleza?

Necesitamos reconocer que nos alimentamos del Sol porque en primer lugar sin él no existe la vegetación, las hojas acaparan el alimento que proporciona la luminosidad y la concentran en un fruto y éste es tomado por las diferentes especies para la subsistencia.

Lo más radiante de cada especie vegetal es una flor, en ella se plasma el color que embellece la naturaleza y concentra la vida en el polen, en las esporas.

Nosotros que formamos la especie humana, al aprender estos procesos de la naturaleza nos damos cuenta que tenemos una gran oportunidad de iniciar un ciclo que comienza en el solsticio de invierno.

El primer paso involucra la muerte, la renuncia a estar apegados a todo lo que nos une al ciclo que terminó, a los ciclos que ya quedaron detrás, partir de un punto cero en el que el aquí y el ahora nos enfrenta a una enorme posibilidad de crear, de ir hacia delante. Quien no aprende a morir en su pasado queda atrapado en el tiempo, sin posibilidades de ser libres. La planta que proporciona el maíz tiene que morir para entregar sus semillas y en ellas están todas las posibilidades para su crecimiento, para su evolución.

Es necesario mirar el camino en el que como Huitzilopochtlis aplicamos nuestra fuerza de voluntad para que día con día hagamos nuestro trabajo de levantarnos junto con el Sol. En cada uno de nuestros pensamientos y acciones batir las alas que eleven nuestro corazón hacia la fuente de vida y luz. Luchar como guerreros contra nuestras limitaciones y defectos. Hacer florecer nuestro corazón que permite embellecer todo lo que nos rodea, entregando estas flores con nuestras palabras, nuestros sentimientos y nuestras acciones.

La tarea diaria de un guerrero consiste en alimentarse de la Luz que proviene de Tonatiuh. Ser hombres y mujeres solares que reciben todo lo que proviene del cosmos y lo entrega concientemente a la Madre Tierra en actos y palabras florecidas.

En su interior forma el fruto que ha de alimentar a los demás porque quien se convierte en guerrero se da como alimento a su pueblo. Ese fruto es su corazón florecido, que está constituido de amor, de compasión y de todo aquello que es bueno para los demás. Es un guerrero águila que vuela alto mirando lo justo, es un guerrero jaguar que se viste con las pieles que contienen estrellas, luz en la oscuridad.

Cuando ha alcanzado su estado de perfecto equilibrio se prepara para su encuentro nuevamente con la muerte dejando de tras todo aquello que no le posibilitó crecer, elevarse, florecer y ha atesorado en una semilla todos los aprendizajes. Esta semilla contienen todos los aprendizajes que servirán de simiente  para un nuevo ciclo.

Finalmente llega a un estado en el que emprende una nueva batalla en un estado colibrizado.

Nacimiento y muerte son los ciclos incansables que componen la dualidad universal y los seres humanos estamos marcados por estas leyes, que al hacerlas concientes descubrimos el verdadero sentido de nuestra existencia.

Somos inseparables de la naturaleza y en nuestra cultura occidentalizada vive en nuestro inconciente, es por este motivo que en nuestro calendario gregoriano al término del año hacemos una autoevaluación y preparamos nuestros proyectos, nuestras metas a realizar que sí y solo si con voluntad podemos alcanzar. ¿Acaso no esta Huitzilopochtli en nuestras vidas? Claro que sí, porque él representa un axioma que rige nuestra existencia, creamos o no en esto.

Nuestros ancestros Toltecas, Zapotecas, Mayas y Mexicas eran grandes sabios que sabían aprovechar los ciclos de la naturaleza para que la especie humana crezca y evolucione junto con ella. Ahora nosotros basados en estos conceptos filosóficos estamos invitados a encontrar el verdadero sentido de nuestra vida, pero no lo lograremos si dejamos de pensar en nuestra Tonantzin Tlalli, en la preciosa Ceiba, la Pacha Mama, nuestra Venerable Madre Tierra que nos alimenta. Ella es la gran unificadora porque todos somos sus hijos y toda la especie humana esta hecha de lo mismo, si dejamos de pensar en ella nos enajenamos y nos invade el deseo de acaparamiento, la soberbia de pensar solo en estar sobre el otro.

Nuestros ancestros nos invitan a que concientemente vivamos este solsticio de invierno que se celebra con fecha: Ilhuitl chicoace coatl, Tonalpohualli Ce Xochitl, Cempohualilhuitl panquetzalistli, Xihuitl chiconahui tecpatl (día seis serpiente, trecena uno flor, veintena del levantamiento de los estandartes, del año nueve pedernal) y con fecha en el calendario gregoriano 21 de diciembre del 2008.

Elaborado por Tlahuilcoatl
Psic. Martín García