RITUAL


Las culturas antiguas de México formaron pueblos que en sus usos y costumbres religiosas nunca se desligaron de la "magia".
Entendemos por religión a la práctica que re-liga o unifica al hombre con lo divino, y consideramos a la magia como el acto mágico mediante el cual un ser humano se convierte en un símbolo y lo representa dándole vida con movimientos y expresiones de orden corporal, mental o emocional.
Las religiones europeas, en su práctica teológica consideran a lo divino como algo separado del mundo material, por lo tanto "Dios" existe y coexiste en un sitio intangible, siendo inalcanzable e incognoscible a través de los sentidos. En cambio las culturas mesoamericanas concebían a una integración dual que desde el náhuatl se manifestaba en el "nagual" o inmaterial y el "tonal" o físico, por lo tanto todo lo creado por lo divino contendrá esta dualidad y no podrá ser separada una de la otra. A este principio filosófico lo llamaron Tloque Nahuaque "lo que permanece junto y cerca de todas las cosas".
Para los antiguos mexicanos todo lo que contiene un orden divino se materializa en la tierra, o sea el espíritu del creador vive dentro del una flor, en un ave, el sol, el viento y por lo tanto dentro del corazón humano. A esto lo denominaron Moyolocatzin "el que se inventa a sí mismo" debido a que puede tomar todas las formas.
Ipalnemohuani "la dualidad dadora de vida y movimiento" asignó al humano una forma a semejanza de su origen: la tierra. Los minerales son sus huesos, su sangre es el agua, el viento en su aliento y en el fuego interno su capacidad reproductora. En esta lógica el cuerpo humano es la vasija que contiene por un tiempo limitado al espíritu y le dará movimiento y capacidad creativa.
Cuando el animal racional realiza la "magia" él se convierte en el símbolo y con su actividad le da vida, por lo tanto puede tomar cualquier forma y se ha hecho uno con el Tloque Nahuaque.
En su ritual como práctica simbólica el humano danza y vuela como el águila, se desplaza como el ocelote, brilla como el sol, viaja como el viento, crece como las semillas y reparte las flores que cultivó en su interior.
Al concretar la "magia" se da la comunión, la "común unión" entre lo tangible y lo intangible, por tanto se ha convertido en un verdadero "Hombre" que es guerrero del espíritu pues su cuerpo, sus movimientos y su trabajo mismo son alimento para su pueblo, alimento de la tierra y el sustento del espíritu.
Es esta la razón por la cual es imposible estudiar y entender al mundo mesoamericano desde los principios occidentales, porque ellos perdieron el contacto con la "magia", y no solo eso, sino que también la satanizaron, descalificándola y asignándole atributos despreciables.
Nuestros abuelos no iban a los templos a "pedir", por el contrario se reunían a danzar y "ofrecer", de aquí que la ofrenda es uno de los pilares fundamentales de los rituales que nos enseñaron. En la danza nos enseñaron a ofrecer nuestra energía y con ellos sustentar la permanencia de la vida en la tierra, en el temazcal ofrendamos nuestro sudor para que la tierra se alimente con el, los cantos se ofrecen con el viento al gran espíritu creador, el humo de tabaco y copal es la ofrenda de nuestra conciencia que se reparte por los cuatro puntos cardinales.
Los rituales de los cuales somos herederos están ahí para que hagamos uso de ellos, no necesitamos inventar nada, simplemente continuar practicando lo que nuestros abuelos han hecho por miles de años y que ha posibilitado la permanencia del hombre sobre la tierra, dándonos un rostro propio y un corazón verdadero.

Un canto de tradición dice:
Soy el macehual de este tiempo,
soy el macehual del sexto sol.
Yo soy la lluvia, soy el espíritu del agua!
Yo soy el sol, soy el espíritu del fuego!
Yo soy la vida, soy el alma de la tierra!
Soy el movimiento, soy el espíritu del viento!
Tloque Nahuaque... ¡ Ipalnemohuani !

Recibe un abrazo de tu hermano Tlahuilcoatl.
Simplemente soy una versión diferente de lo que tu eres.