QUETZALCOATL

Hemos venido a formar parte de este mundo, aquí en la tierra, solo por un breve tiempo.
Cada uno de nosotros nació como una piedra en bruto, sin escrituras.
Llegamos sin un lenguaje, nacimos sin creencias, sin hábitos, sin costumbres.
Cada una de las experiencias que suceden en nuestra vida deja una impresión, una marca, una huella que va dando forma al monolito.
Es así como nosotros, en cierta medida somos un reflejo de nuestro entorno porque no crecimos aislados, al contrario fuimos adquiriendo forma con aquello que nuestros antecesores pusieron en nuestro rostro y en nuestro corazón. A esto se le llama inconsciente colectivo que nuestros ancestros llamaban Tezcatlipoca o "espejo humeante" porque lo que vemos en ese espejo es la silueta y la sombra de todas aquellas personas que han formado parte de nuestra existencia.

Indudablemente somos el resultado de una interacción dual. En primera instancia todos emergemos de las fauces de una serpiente y en segunda nos convertimos en la vasija que contiene al Ser.
Nuestros abuelos Toltecas, al ser maestros del arte de vivir nos enseñaron que vivimos sobre las ondulaciones de las serpientes que se entrelazan para vestir a la Madre Tierra. Estas serpientes son los valles y montañas.
Estas serpientes en algún momento nos van a devorar porque al momento de nuestra muerte le entregaremos el cuerpo y nos reintegraremos de nuevo a sus entrañas.
Por lo tanto ¿qué es lo verdadero sobre la tierra? ¿cuáles son aquellas cosas por las cuales es imprescindible vivir? Si nuestro destino es la muerte ¿qué sentido le damos a nuestra existencia?

Para dar respuesta a estos cuestionamientos ontológicos nuestros ancestros Toltecas durante varios miles de años crearon una disciplina llamada Toltecayotl, en la cual se afirma que la existencia humana tiene como fin último despertar en cada uno de nosotros a Quetzalcoatl.

Quetzalcoatl es la conciencia despierta, es la energía serpentina generadora de un flujo interior que se plasma en pensamientos y sentimientos.
Esta serpiente de plumas preciosas fusiona el cuerpo que emana de la tierra y las plumas que provienen del cielo, del Universo. Es la integración de cuerpo y espíritu, de lo tangible e intangible.

Nuestros abuelos de manera artística y simbólica cuentan que Quetzalcoatl realizó un viaje al inframundo para tomar los huesos de los antiguos hombres y traerlos a la tierra, los molió junto con maíz e hizo sangrar su prepucio, de esta manera creó una especie de barro y dio forma al ser humano que llamó Macehual o “merecido”.
Al dar una interpretación filosófica a estas palabras entendemos que cada ser humano para despertar deberá hacer un viaje a sus entrañas y reconocer en los huesos y en la sangre a sus ancestros. A fin de cuentas nuestro padre y nuestra madre fueron el medio por el cual llegamos a esta tierra y tomamos forma.
Estamos destinados a portar durante toda nuestra vida los rasgos genéticos de nuestros antecesores, por lo tanto, el color de nuestra piel y la forma de nuestro rostro son la viva presencia de ellos.

Cuando nuestros padres nos engendran somos recibidos para integrarnos a una cultura. La cultura es el campo de cultivo en el cual creceremos, y al igual que un árbol nos alimentaremos de aquello que nos proporciona el terreno. En otras palabras, nos nutrimos de cada una de las experiencias a las cuales estamos destinados.

Si Quetzalcoatl ha despertado en nuestro interior tomaremos de la cultura los nutrientes que hagan florecer el corazón y así dar nuestros frutos.
Los frutos que surjan de nosotros son todo aquello que alimentará al pueblo y las generaciones futuras. Por supuesto no hablamos de lo físico dado que ello lo proporciona la Madre Tierra, mas bien hablamos de la forma de vida, de la filosofía y de los cantos que alegran la vida.

Al momento en que Quetzalcoatl despierta en nosotros nos convertimos en guerreros del espíritu ya que para honrar a los ancestros y crear una forma de vida digna es necesario ser impecable.
Para ser impecable se requiere de la fuerza de voluntad y hacer el mejor intento de perfeccionarnos en el transitar de la vida, ¿cómo? dominando las pasiones que nos llenan de defectos.

Hoy mas que nunca es necesario ser conscientes de que cada experiencia, cada pensamiento y cada acto va dando forma a nuestro Ser.
Somos la viva existencia de nuestros ancestros y seguimos aquí en la tierra para cumplir el sueño por el cual trabajaron arduamente que es integrar una cultura con la cual podamos pulir un rostro sabio y un corazón verdadero. Para que se cumpla el propósito de despertar nuestro Quetzalcoatl.
Si lo hacemos por nosotros, también lo hacemos por nuestros abuelos y por nuestras generaciones futuras.

Esta semana deseo que serpenteé en ti la esencia de Quetzalcoatl para que puedas reconocer tus orígenes y sea posible pulir en ti un rostro sabio y un corazón verdadero.