PARADIGMA


Nuestros ancestros Toltecas concebían un mundo en el cual el animal racional, para considerarse merecedor de ser llamado "Hombre" debía estar al servicio de la naturaleza, y no solamente eso sino que deberá conocer sus leyes y principios.
Uno de los principios más fundamentales consiste en no tomar de la tierra más de lo que se requiere para llevar una vida impecable y devolver siempre algo a cambio.
Por esta razón es que en cualquier ceremonia que se realiza bajo esta filosofía es presentado un Tlalmanalli u "ofrenda".
En la Toltequidad con cada una de nuestras prácticas nos reunimos a ofrecer.
Tenemos ceremonias para ofrecer aliento con cantos, humo de copal o tabaco y palabras que provienen del corazón florido.
En un círculo sagrado ofrecemos nuestra energía con la danza, imitando el movimiento de los animales y el fluir de los elementos de la naturaleza.
En el vientre de la Madre Tierra llamado Temazcalli entregamos nuestro sudor para que Tonantzin beba de el agua que emana de nuestra piel.
Cuando nos disponemos a contemplar la naturaleza ofrecemos los rezos con el humo sagrado del tabaco y así el viento los reparta a las cuatro direcciones.

La toltequidad es un principio filosófico donde el hombre se reconoce como parte de la naturaleza.
La Madre tierra nos ha prestado un cuerpo para que a través de él experimentemos la vida y concretemos los fines más elevados del Ser que están ligados al espíritu.

Esta forma de vida perduró durante miles de años y fue interrumpida con la colonización que en Anahuac comenzó hace 500 años y seguimos padeciendo con la misma voracidad. Nuestro pueblo sigue siendo invadido, nuestros recursos saqueados y nuestra forma de vida autóctona menospreciada.

La forma de vida occidentalizada no tiene como base una filosofía que le de sentido y dirección al quehacer humano. El Estado Colonizado es la estructura que impera hoy día, donde la actividad humana está en función de castas con unas cuantas familias que creen poseer el 80% de la riqueza del planeta.

Con el colonialismo el paradigma cambió y el animal racional ha considerado que los recursos naturales están a su disposición indiscriminadamente sin ningún tipo de responsabilidad ante la Madre Tierra.
Nos hemos convertido en una especie con altísimo potencial de autodestrucción y como somos un espejo que humea, si nos destruimos a nosotros por ende destruimos nuestro entorno.

Hoy día si tomamos al hombre que se considere con mayor riqueza en el planeta y lo dejamos solo en la montaña ¿es tan poderoso como para detener el rayo? ¿Puede manejar a su antojo el curso de la tormenta? ¿Puede evitar que el ave cante y vuele? ¿Es capaz de saciar su sed sin el agua que emana el manantial?

En realidad el poder que hoy día cree tener el animal racional es sólo una miserable ilusión, por lo tanto hoy más que nunca es indispensable retomar aquellos principios con los que vivieron en esplendor nuestros pueblos originarios, no porque sea mejor sino porque constituyen los principios más básicos de la naturaleza, principios y leyes ante las cuales no podemos ser ajenos.

El colonialismo trajo consigo una religión dogmática y vacía de sentido que tanto ha lacerado el espíritu humano. Nos han impuesto una forma de pensar con la cual no puedes elegir en qué quieres creer y han creado para nosotros un sistema educativo alienado en el cual respondemos como máquinas programadas para consumir.

Hoy mas que nunca es cuando entendemos que la toltecayotl es un modelo filosófico que puede ser aplicado en nuestros días y surgió del trabajo y sacrificio de nuestros ancestros para que a través de ese espejo podamos ver nuestra realidad.