Yacaxihuitl, Xiuhnaconchtli, Ixteuilotl
Nariguera, Orejera y Anteojos

Las representaciones que construyeron nuestros ancestros para dar sentido a lo divino muestran la constante aparición de narigueras, orejeras y anteojos. Éstas no cumplen con un fin estético, al contrario, están ligadas a profundos sentidos filosóficos que es indispensable comprender.

En primer lugar se requiere entender que filosóficamente hablando para los pueblos del antiguo México no existía un concepto de “dios” como el que identificaban las religiones judeocristianas, o sea, para los llegados de la Hispania a Mesoamérica “dios” está concentrado en un centro desde el cual se es vulnerable ante su voluntad. Se percibe a Dios como una entidad masculina radicada en algún sitio incognoscible, ante el cual estamos muy alejados y ajenos por ser portadores del pecado. En cambio para las culturas de Anahuac todo aquello que posee vida, color y movimiento contiene una esencia dual ligada a lo divino. En otras palabras, para el pensamiento de nuestros ancestros todo aquello que perciben nuestros sentidos es una manifestación de la esencia creadora que ha fusionado dos energías opuestas, por tal motivo a lo divino se le denominaba Tloque Nahuaque “lo que está contenido en todas las cosas”, se le nombraba Ipalnemohuani “aquello por lo cual se es posible vivir” y Moyolocatzin “lo que se inventa y se piensa por sí mismo”.

En segundo lugar, entendiendo que para los pueblos de Anahuac no existe un “dios creador” sino una esencia divina contenida en todas las cosas, podemos establecer que sus conceptos ideográficos representantes de toda una cosmovisión serán simbólicamente asequibles a aquellos que puedan pensar y entender desde esta linea de pensamiento.

Una vez aclarado este principio fundamental podemos acceder a analizar el porqué las representaciones divinas tienen narigueras, orejeras y anteojos.

Necesitamos comprender que el cuerpo humano no es más que una máquina biológica que pertenece a la naturaleza y que para mantener sus funciones requiere de alimentos sólidos y líquidos a fin de proveerle la energía suficiente para realizar trabajo. Sin embargo el animal racional no vive sólo por capricho de la naturaleza comiendo, durmiendo, defecando y reproduciéndose, por el contrario su existencia tiene un propósito, una finalidad, un sentido y no es otro más que “despertar y acrecentar su estado de conciencia”.

En el momento en que el animal racional ha aprendido a trascender sus pasiones mundanas se convierte en un verdadero Hombre, se ha humanizado y se le puede designar como un guerrero del espíritu.

Esta actitud guerrera que busca la trascendencia del estado animal en el cual se es dominado por la avaricia, lujuria, odio, pereza, soberbia, etc, etc, será considerada como la conexión más sutil con lo divino. La trascendencia de las pasiones estarán en la persona que ha logrado integrar lo terrenal (representado con una serpiente) con lo celestial (representado con plumas). Ha despertado en sí mismo a Quetzalcoatl, la sabiduría primigenia.

Si el cuerpo físico se alimenta de aquello que le provee la tierra, entonces ¿de qué se alimenta el espíritu?, ¿de qué se alimenta la conciencia?.

El cuerpo físico sin alimentos sólidos y líquidos podría vivir varios días, sin embargo sin el aliento vital no podría perdurar mas que unos cuantos minutos, entonces el aire es un elemento que alimenta a las células de nuestro cuerpo para mantenerlo funcionando.

Al representar la nariguera se plasma la presencia del alimento vital de la vida que es el aire, pero no solo eso, se entiende que el aire transporta las partículas luminosas que llegan desde Tonatiuh “el hacedor de calor y movimiento” que llamamos Sol. Cuando llevamos aire al interior de nuestro organismo estamos llevando también partículas solares que den energía a cada uno de nuestros órganos, principalmente el corazón. Es también una forma de entender que llevamos por medio del aire fuego al corazón y su oxígeno lo avivará.

Si este aire llega a cada una de nuestras células, entonces también transportará la esencia de las cosas. Ese aire que respiramos algún día fue parte de una planta, de un árbol, en algún momento fue parte de un ave, del insecto, de la nube, de un felino, de los peces en el río, del mar y seguramente fue respirado por alguno de nuestros ancestros. Por lo tanto, en esencia el aire es un elemento que nos mantiene unificados en una condición de iguales dado que todos los seres requerimos de lo mismo.

¿Qué tan importante, tan diferente o tan especial puede llegar a ser una persona si requiere del mismo aire que nosotros? En realidad estamos regidos por las mismas leyes.

Es así como ser conscientes de nuestra respiración acrecenta nuestro estado de conciencia y sobre todo nos acerca a lo divino, a nuestro origen dual que es la Madre Tierra y el Padre Universo.

Cuando estamos respirando y percibimos el olor a tierra mojada, cuando reconocemos el olor del bosque, cuando nos regocijamos con el olor de las flores lo que sucede es que a cada célula le hacemos recordar de donde venimos. Con cada respiración nos hacemos uno con la naturaleza y acrecentamos nuestro estado de conciencia.

Las orejeras o Xiuhnaconchtli es otro elemento constante encontrado en las representaciones de las divinidades de Anahuac, sin embargo ¿qué sentido tiene este elemento que se asocia a lo divino?

Es indispensable entender que no se puede llegar a ser sabio sin la virtud de saber escuchar, de esta manera si desarrollamos la habilidad de aplacar nuestros sentidos, de aquietar nuestros pensamientos y nos disponemos a escuchar, entonces podremos sumar conocimiento a nuestra conciencia.

¿A quién debemos escuchar?, “a los ancianos”. Tristemente esta sociedad “moderna” se ha convertido en un modelo donde desacreditamos el conocimiento de los ancianos por no estar actualizados con la tecnología y por otro lado las personas más avanzadas de edad ven en los jóvenes una amenaza más que una posibilidad. Bajo este modelo de pensamiento actual estamos destinados al fracaso como sociedad.

Escuchar es más que una habilidad, es abrir un canal mediante el cual se logra hacer una conexión entre la conciencia y el lenguaje que manejamos. Cuando aprendemos a escuchar podemos discernir entre las cosas verdaderas y aquellas que solo son pasajeras. Por esta razón no podemos llegar a sabios si no aprendemos a mantener la boca cerrada y prestarnos a acrecentar nuestros conocimientos.

Para la filosofía de nuestros abuelos se entiende que aquel que comprende lo divino es porque ha abierto en su totalidad los sentidos para discernir las cosas por las cuales vale la pena vivir y ha logrado integrar a su forma de vida todo aquello que transmitieron de generación en generación sus ancestros durante miles de años. Escuchar es una forma en la cual la sabiduría de los antepasados se hace viva en el presente.

También varias de las representaciones asociadas a lo divino portan anteojos o algo que se antepone ante los ojos. La representación más clara en este sentido es Tezcatlipoca, el espejo que humea.

Necesitamos comprender que todos los seres humanos tenemos frente a nosotros una tela de humo que no nos permite ver con plena objetividad y verdad las cosas. ¿Qué nos impide ver la verdadera esencia de las cosas?, en realidad es el la racionalidad que nos da el intelecto.

Un principio epistemológico dice que no por tener la capacidad de razonar o racionalizar un evento quiere decir que sea verdadero el análisis realizado, por lo tanto la capacidad de razonar es un arma de doble filo porque pueda agregar elementos asociados a un evento o puede distorsionar toda la verdadera esencia de las cosas.

Vivimos un tiempo en el que se ha dado demasiado énfasis a los aspectos racionales por sobre los que son desarrollados por la conciencia, o sea, el intelecto no es una cualidad asociada al desarrollo de conciencia. Podemos encontrar personas con formas muy básicas de vida y con un acrecentado estado de conciencia y es más común encontrarnos con personas que tienen en su memoria una biblioteca completa y ser pedantes, ególatras, sabiondas y soberbias.

En síntesis el elemento que más nos impide quitarnos la tela de humo que hay frente a nosotros es la racionalidad, en consecuencia cuando aprendemos a ver las cosas desde los sentidos internos es cuando llega a nosotros aquello por lo cal es verdadero vivir.

Es importante aprender a ver nuestra realidad con los sentidos internos ya que ahí radica nuestra conciencia. Tezcatlipoca es el espejo que humea debido a que si vemos con los ojos internos, si vemos las cosas desde el espejo que hay dentro de nosotros, veremos al Tloque Nahuaque, a la creación misma, a la dualidad por la cual están compuestas todas las cosas. Como resultado no nos podremos “ver” ajenos al otro sino mas bien nos veremos siendo parte del otro porque como es afuera es adentro, como es arriba es abajo y como es terrenal es celestial.

En otro sentido los ojos también son un aun puerto de entrada que realiza conexión con la conciencia. Al ver un paisaje, al mirar el cielo estrellado, al encontrarnos con la mirada de tus semejantes se crea una conexión entre la vida misma y tu estado interno.

¿Cómo puede vivir una persona en la ciudad sin ver paisajes arbolados, verdes, con flores y sin un cielo estrellado? Vivirá enajenado.

Todas aquellas cosas que contemplamos y admiramos con nuestros ojos son alimento para el alma y nutren el espíritu. Al ver el cielo, al regocijarnos con los paisajes de la tierra le recordamos a cada neurona de nuestro cerebro cuál es nuestro origen, le recordamos lo que somos y de dónde venimos.

Si queremos entender lo divino necesitamos “ver” con el espejo que hay dentro de nosotros. Si pretendemos experimentar lo divino necesitaremos reconocer los enormes anteojos compuestos de tela de humo que tenemos frente a nuestros ojos.

Esta es la sabiduría de nuestros ancestros y si queremos acercarnos a ella es indispensable reconocerlos en el mismo aire que ellos respiraron, escuchar a nuestros ancestros, a nuestros ancianos y ver con el espejo interior, quitando de nuestros ojos la tela de humo que nos impide ver las cosas verdaderas.

Recibe un abrazo de tu hermano Tlahuilcoatl