MIQUIZILHUITL


Celebración dedicada a los difuntos.
Los mexicanos tenemos arraigado en nuestras costumbres la celebración a la muerte y se dedica una gran fiesta a este evento. ¿Por qué lo hacemos?

Es importante comprender que para los pueblos de Anahuac, que son los pueblos Mesoamérica, reconocer la labor de nuestros ancestros era de vital importancia, algo que se ha ido perdiendo con la voraz cultura occidental.
El Miquizilhuitl o fiesta dedicada a los difuntos fue una tradición que a la iglesia católica le fue imposible quitar, lo que enmarca la relevancia de esta celebración.

Es necesario entender que para los pueblos originarios de lo que hoy llamamos México la muerte no era algo nefasto o funesto, por el contrario, se le reconocía como parte de la vida y en muchos sentidos tiene razón de ser.
Partiendo de la filosofía de nuestros ancestros la muerte es nuestro destino seguro e indefectible, sin embargo, se considera que la vida que tenemos en este mundo es un estado en el que estamos dormidos ya que vivimos en un sueño donde no podemos ver la "otra" realidad que está allá en el Mictlan o lugar del reposo y descanso.
En el Mictlan, donde reposan los descarnados están las energías sagradas que no podemos percibir con los cinco sentidos físicos, por lo tanto al morir en realidad despertamos. Despertamos de un sueño en el que estamos dominados por las pasiones de este mundo que nos hacen ser imperfectos.
Cuando morimos salimos de la carne y nuestra alma viaja al Mictlan, por lo tanto nos integramos a Ipalnemohuani "el dador de vida y movimiento, el todo creador. Pasamos a integrarnos a una vida donde todo es serenidad, paz y reposo, muy lejos de este mundo en el que si no somos conscientes de la finalidad de la vida sufrimos por la acción que ejercen los constantes deseos pasionales.

¿Entonces qué sentido tiene estar en este mundo?
Cada unos de nosotros hemos sido sembrados en un pedacito de tierra llamado cuerpo físico y a través de él podemos ver, oler, sentir, amar y expresar lo que mora en nuestro corazón.
Venimos a esta tierra a tener la enorme posibilidad de perfeccionar nuestro Ser, ¿cómo? siendo guerreros que luchan para trascender las pasiones mundanas.

Necesitamos ser conscientes de que la vía a través de la cual llegamos a formar parte de este mundo son nuestros padres, ya que ellos prestaron su carne para fusionar su fuego sexual con las aguas sexuales y con este atlachinolli (agua integrada al fuego) darle forma a nuestro rostro y corazón. Nuestros abuelos hicieron lo mismo con nuestros padres, nuestros bisabuelos con nuestros abuelos y así sucesivamente.

Por lo tanto cada uno de nosotros somos los ancestros. Ellos viven en nosotros, en nuestra sangre, en nuestros genes. Nuestro rostro tiene los rasgos de ellos e igualmente nuestra tonalidad de piel.
El lenguaje que practicamos lo aprendimos de nuestros padres y abuelos, así como en nosotros viven sus creencias, sus tradiciones y costumbres.
Cada uno de nosotros somos su continuidad que posibilita la permanencia de la raza y la cultura sobre nuestra amada tierra de Anahuac.

En el Miquizilhuitl elaboramos un Tlalmanalli "ofrenda" en nuestros hogares. En este altar ponemos imágenes de huesos y calaveras dado que es lo último que permanece de lo que alguna vez ellos fueron y sucederá lo mismo con nosotros, por lo tanto, de alguna forma se simboliza que nuestros difuntos siguen siendo parte de esta existencia.

Hacemos un espacio en nuestros hogares donde a través del altar le hacemos saber a nuestros difuntos que tienen un lugar en nuestras vidas, que los recordamos y que no han muerto para nosotros ya que están en nuestros recuerdos.
Igualmente en estas ofrendas que se disponen para ellos les acercamos los guisos, las frutas y las bebidas que disfrutaban cuando se encontraban encarnados, y así en estos días que desde el Mictlan les permiten venir a visitarnos puedan disfrutar nuevamente de los colores y sabores que embriagan la vida.

También adornamos con flores de Cempoalxochitl, "las flores de cuatrocientos pétalos" que hacen presentes a los Centzon Huitznahuac o "cuatrocientos guerreros del Sur. De esta manera reconocemos en nuestros ancestros su espíritu guerrero, dado que al estar en este mundo cada uno de ellos hicieron su mejor intento de ser impecables para dejarnos un mundo digno en el cual vivir. En otras palabras, desde su estado de conciencia hicieron su vida de la mejor manera posible para que nosotros tuviéramos una vida digna, cómoda y placentera.
Decían nuestros abuelos Toltecas... "En este mundo sólo seremos recordados por las flores que dejamos".

Son estas las razones por las cuales nuestras fiestas de muertos son en realidad celebraciones a la vida y están llenas de color, de magia, misticismo.

Somos herederos de una cultura milenaria que desarrolló una comprensión profunda de la vida y la muerte y que sus raíces siguen floreciendo a pesar de todos los intentos que hace la cultura globalizada para quitar nuestra identidad.
Nadie valora lo que no conoce y mucho menos lo que no practica.

En nuestro inconsciente colectivo siguen vivas estas costumbres, sin embargo es indispensable desarrollar en nuestro consciente un rostro sabio y un corazón verdadero que son los ideales por los cuales trabajaron arduamente nuestros ancestros de Anahuac.