MICTLANTONATIUH
“El Sol del reposo”

El concepto de muerte en el México antiguo es un aspecto profundo de la filosofía de Anahuac que se construyó durante varios miles de años.

La muerte, para los antiguos mexicanos era parte de la misma sustancia que compone la vida dado que que ambos aspectos no pueden ser separados y se sustentan uno al otro, conformando una dualidad inseparable que rodea permanentemente la actividad humana.

Tolteca significa “artista”, por lo tanto todo aquello que encontramos en sus expresiones culturales tendrá un componente filosófico y artístico, donde el objetivo primordial es hacer de la forma de vida una obra de arte, y la muerte no escapa a este principio.

La muerte está inspirada en Tonatiuh “el hacedor de calor y movimiento” que llamamos Sol. Él nace en el oriente, realiza un vuelo alto por la Cuauhxicalli “la jícara del águila” que es la bóveda celeste y muere en el poniente dando fin a su etapa brillante, sin embargo no ha terminado su trabajo.

Tonatiuh al morir en el poniente ingresa a su fase de oscuridad realizando un viaje al Mictlan que es el inframundo, donde están las entrañas de la tierra, lugar donde se reposa y se gestan los componentes que han de nacer renovados para posarse nuevamente sobre la tierra.

Estas dos fases, una de luz y otra de oscuridad se asocian directamente con los conceptos de vida y muerte. En un sentido simbólico, artístico y filosófico nuestra vida cobra la misma suerte: emergemos desde el interior del vientre para ver la luz, forjamos nuestra vida para alcanzar el máximo desarrollo haciendo florecer nuestro corazón y finalmente nuestra vida se apaga, y justo ahí comienza un viaje al Mictlan donde nuestro cuerpo será depositado al interior de la tierra.

En tanto, al igual que Tonatiuh, al morir solo hemos recorrido la mitad de nuestro destino. Con la muerte yacemos en la tierra y ahí permanecerán los huesos, sin embargo no hemos dejado de existir y renacemos con cada uno de los recuerdos que quedaron de nosotros sobre la tierra. Seguimos viviendo en el pensar y en el sentir de nuestra familia, de nuestro pueblo, seguimos viviendo en todo aquello que pudimos construir con nuestra permanencia en la tierra.

Esta es la razón por la cual nuestros ancestros viven y lo hacen con la filosofía que dejaron para nosotros; viven también en cada uno de los templos que construyeron con sus manos y que en Anahuac se cuentan por miles; viven en cada piedra que tallaron y simbolizaron con un lenguaje que es posible leer y entender; siguen viviendo en nuestro rostro y en nuestro corazón que fue formado con sus genes.

Nuestros abuelos en sus cantares nos decían “Sólo dejaremos flores y cantos de esperanza”.

De aquí parte la importancia de pensar en la muerte porque en realidad, siendo objetivos, la vida es un periodo de preparación para la muerte, por lo tanto cuando morimos es el momento en que de verdad nacemos y en función de aquello que sembramos en la tierra podemos llegar incluso a ser inmortales.

En este sentido filosófico si nuestra vida es el periodo de preparación para nuestra muerte tenemos que acompañar a Tonatiuh todos los días recibiendo cada amanecer como una posibilidad de sembrar flores con nuestras palabras y nuestros actos. Durante las horas de luminosidad es necesario acrecentar nuestra voluntad para hacer de nuestra forma de vivir un arte, acrecentando nuestra voluntad en el mejor intento de ser impecables. En el momento en que nuestro Padre Tonatiuh ingrese al Mictlan, al inframundo, es momento de que nosotros también hagamos un viaje a nuestras entrañas para reposar, para meditar y reflexionar, accediendo a nuestra conciencia para discernir aquello de lo cual debemos desprendernos, delimitando todo aquello que nos posibilita o no dejar flores en la tierra, para decidir qué es aquello que tiene que morir en cada uno de nosotros y prepararnos para nacer al siguiente amanecer.

Este constante proceso filosófico de vida y muerte que permea toda la esencia humana es lo que hace posible que nuestros ancestros sigan viviendo y es lo que posibilitará que nosotros sigamos existiendo en todo aquello que dejemos sobre la tierra antes de que nuestra muerte nos toque.

Esta es la razón por la cual los Toltecas en Teotihuacan construyeron un Micaohtli o “camino de los muertos” queriendo simbolizar la naturaleza humana donde cada paso, cada latido del corazón y cada respiración es un acercamiento hacia nuestra muerte.

Es así como sólo aquel que es plenamente consciente de su muerte aprende a vivir en el Nican Axcan “aquí y ahora”, el eterno presente, donde la vida nos ofrece la posibilidad de alimentarnos con los paisajes, con el aroma de las flores, con las palabras o la presencia de nuestros seres amados.

Es así como en realidad, siendo extremadamente objetivos… la muerte es en realidad la vida.

Que este día la conciencia que tengas de tu muerte haga dar lo mejor de ti y sobre todo que aproveches cada respiración y cada latido de tu corazón. Son los mejores deseos de tu hermano Tlahuilcoatl