MAZATL


Mazatl, “el venado” es sin duda una de las representaciones místicas más profundas de Anahuac.

Nuestros ancestros encontraban en el venado una forma de simbolizar la espiritualidad de la naturaleza.

Sus cuatro patas son el contacto con la tierra, una por cada rumbo, de tal forma que vivir sobre el plano terrenal nos hace tomar conciencia de que en todo momento somos parte de la creación y que somos influenciados por las diversas fuerzas que se emanan desde los recónditos del plano horizontal.

La cornamenta del venado es el elemento que se eleva hacia el cosmos para tomar contacto con la esencia solar que da luz y da fuerza a todo lo que tiene vida, color y movimiento. Por esta razón es que su piel se torna de color amarillo profundo, como el Sol en su máximo esplendor.

Una característica particular de Mazatl es su extrema sensibilidad. Posee un agudo olfato, un oído bien entrenado, pero lo que realmente lo hace completamente diferente es su capacidad de detectar el mas mínimo movimiento y vibración en su entorno. De hecho hoy día sabemos que el venado tiene órganos especializados en las patas que le ayudan a mantener una profunda percepción de sus alrededores.

Para un venado su libertad es el tesoro mas preciado. Si a este precioso animal lo amarramos entonces lo condenamos a muerte. Él necesita estar en constante movimiento con el flujo del viento, la lluvia y la vida que se emana de cada árbol, de cada arbusto y de cada flor.

Por estas razones es que en Mazatl encontramos la máxima expresión de movimiento en la naturaleza.

En nuestras sagradas tradiciones realizamos la danza y la cacería del venado.

Ir a cazar al venado es el acto mediante el cual nos internamos en un plano místico para desarrollar la sensibilidad, para reconocer y honrar con profundidad nuestra naturaleza terrenal y cósmica. Cazar al venado significa “atrapar”, “poseer” o “hacer nuestra” la integración con nuestro entorno, dejándonos fluir con el viento, la lluvia, el Sol.

La cacería del venado implica apropiarnos de la oportunidad que nos da la vida de ser libres, de ir a donde queramos para experimentar la vida. Las ataduras de la vida, los apegos, los deseos insaciables son aquellos que detienen nuestro desarrollo espiritual porque entramos a un estado enajenado, “ajeno” a nuestra naturaleza, por lo tanto dejamos de percibir todo lo que fluye a nuestro alrededor, dejamos de lado la sensibilidad y como consecuencia perdemos nuestro estado de Unidad, en el cual sabemos que nosotros le pertenecemos a la tierra y que aquello que nos da la vida es simplemente para compartir.

(De forma simbólica, aclaro), Una vez realizada la cacería, ya que hemos hecho nuestra la naturaleza del venado es momento de danzar vistiéndonos con su piel, poniendo sobre nuestra cabeza su cornamenta para tomar conciencia de nuestro origen cósmico y pisar con firmeza el rostro de la Madre Tierra, siendo conscientes de que en nuestro corazón confluyen las influencias de los cuatro rumbos cósmicos.

Hay ciertos momentos en la vida en los que necesitamos salir de cacería apartándonos de toda cotidianidad e internándonos en el monte para dedicarnos a escuchar, ver, oler, sentir, conectarnos y apropiarnos de esas cualidades que en el venado se dan por instinto. Ésta es nuestra verdadera esencia animal ligada profundamente al espíritu de la naturaleza.

Quien no busca en su vida al venado está amarrado y condenado a una muerte lenta, agonizante y sufriente. Estar amarrado es un estado en el cual pueden pasar las cosas más extraordinarias a nuestro alrededor y no darnos cuenta, es la peor desgracia para el animal racional.

Deseo que en tu camino desarrolles las habilidades suficientes para que puedas dar cacería al venado, te vistas con sus atributos y dances con libertad.

Son las mejores intenciones de tu hermano Tlahuilcoatl.