La diferencia

La diferencia entre un guerrero y un hombre convencional radica en que el primero sabe que vino a este mundo a morir, por lo tanto lo único que podrá atesorar es aquello que se guarde en el corazón de su tribu.
El guerrero mira su rostro en el arroyo y en él ve a sus ancestros.
Un guerreo no necesita buscar, por el contrario necesita observar ya que en la misma naturaleza están todas las enseñanzas que él necesita para convertirse en humano y trascender su estado animal.
Aprende del águila la espiritualidad, del búfalo la fortaleza, del lobo la astucia, y del oso el poder sanador.
Su actitud correcta siempre estará determinada por la ausencia de deseo ya que entre más se necesita y mas se tiene, más vacío se vive.
No necesita buscar en ninguna parte dado que aquello que anhela está en la mirada de los niños, en la frescura del viento y en el canto de las aves. Buscar sería tan absurdo como el pez que busca el océano.
El mayor acto de un guerrero será el sacrificio de su corazón y darlo como alimento a su pueblo. En este acto su individualidad se disuelve y deviene la identidad que le posibilita estar al servicio de las necesidades de sus semejantes.
Los sabios abuelos saben que este aprendizaje en ocasiones lleva toda una vida, de ahí la importancia de pedir consejo a los ancianos.