Filosofía de Teotihuacan

Nuestros templos antiguos que hoy llaman zonas arqueológicas no fueron construidos al azar poniendo piedra sobre piedra con un fin estético, al contrario se colocó cada una de ellas para que hablara un lenguaje que puede ser entendido solo para quienes están despiertos.

Estos templos contienen un lenguaje filosófico que plasman el pensar y el sentir de nuestros ancestros Toltecas, por lo tanto cada basamento y cada símbolo nos invita a que veamos la realidad desde sus ojos.

Uno de los aspectos más extraordinarios de Teotihuacan están relacionados con los dos templos mas grandes que hoy llaman “pirámide del sol” y “pirámide de la luna”.

Para entender el pensamiento de los Toltecas necesitamos descolonizar algunos términos y debemos empezar por comprender que no hablamos de “pirámides” debido a que no lo son porque su ángulo y estructura dista mucho de este concepto. Por lo tanto hablamos de Teocallis o “templos” que fueron pensados y construidos para contener una serie de principios, de los cuales aprendemos y nos nutrimos cuando nos acercamos a ellos.

Si queremos entender los símbolos que dejaron para nosotros los antiguos mexicanos es indispensable ser objetivo y observador. En primer lugar en la base del templo dedicado a la luna estaba depositado un monolito con los símbolos de Chalchiuhtlicue que representa al agua en su estado femenino, o sea es el agua en contacto con la Madre Tierra que corre a través de ríos, manantiales, lagunas y mares, por lo tanto hablamos de un templo dedicado al elemento agua.
Cuando estudiamos el templo dedicado al sol, por su orientación y simbología sabemos que es un templo dedicado al elemento fuego. Es más, hace poco tiempo en el interior de este templo fue hallado un sahumador con los símbolos de Xiuhtecuhtli “el protector del fuego turquesa”.

Estos dos templos plasman el concepto de vida del que siempre nos han hablados los habitantes de Anahuac y que llamaron Atlachinolli o Atl Tlachinolli, “agua quemada o agua en contacto con el fuego”, los dos opuestos que se complementan para crear la vida y dotar de color y movimiento a las cosas, por lo tanto, Atlachinolli es un concepto filosófico que plasma la integración de la dualidad femenino-masculino llamado Ometeotl “la dualidad creadora”.

En este sentido uno de los aspectos más sorprendentes de Teotihuacan está relacionado con la forma en que colocaron cada templo. En apariencia el templo dedicado al Sol-Fuego es más grande por su volumen y altura, sin embargo considerando que el espacio físico donde fueron colocados tiene un desnivel, en realidad ambos templos tienen la misma altura, o sea, la cúspide de ambos está al mismo nivel. (véase la imagen tomada desde el inicio del Micaohtli “camino de los muertos” donde se aprecia dicho desnivel).
Hoy día se sabe que el templo del Sol tiene una altura de 63.5 metros mientras que el templo dedicado a la Luna tiene 43 metros, y de igual manera la diferencia en el desnivel del terreno es de 20 metros en una longitud de 662 metros que es la distancia entre ambos.

Este es un concepto que nos plasma la igualdad que debe mantenerse entre lo masculino y femenino, donde uno no puedes ser superior al otro y necesitan integrarse en armonía.

Igualmente con la simbolización de Teotihuacan entendemos que no solo nos hablan de las cuestiones relacionadas con la tierra en los elementales agua-fuego sino que también nos hablan del cielo en la integración Luna-Sol donde la dimensión de la luna es exacta para cubrir el cuerpo del Sol y que puede ser vista en un eclipse solar. En este tipo de eclipse la integración de ambos cuerpos sólo refleja la luz que los rodea.

Con estos hechos afirmamos que las civilizaciones de Anahuac contenían aspectos místicos, científicos y filosóficos muy superiores a los de otras culturas y que surgieron mucho antes que las europeas.

Si no valoramos y le damos el crédito al conocimiento de los pueblos antiguos de México seguiremos siendo un pueblo destinado al atraso y a la desvalorización de lo que realmente somos: “una nación con elevados pensamientos, con origen auténtico y con un potencial enorme que tiene mucho por ofrecer al mundo, a nuestra realidad”.
Nuestro origen no es algo del pasado, no es algo que le pertenece a la historia o a la arqueología, mas bien es algo que nos pertenece ahora y tenemos que tomar para crear en nosotros un rostro sabio y un corazón verdadero.