El guerrero es despierto.


Quien inicia el camino del guerrero es aquel o aquella que ha descubierto que estaba dormido.
Igualmente un guerrero que se dispone a despertar sabe que no sabe.

Despertar es un acto en el que se reconoce la profunda ignorancia que se tiene acerca de la vida y de las fuerzas que mueven o animal a todo el Universo.
Cuando el guerrero despierta se apena de la mísera vida en que estaba sumergido ya que tiene la claridad suficiente frente al espejo como para darse cuenta que nunca había sido dueño de su vida hasta ese momento.

Despertar implica reconocer en las cosas más simples y más sencillas aquello por lo cual vale la pena vivir, aquello que es verdadero y proveniente del corazón.

Quien ha despertado no necesita mas que el latir de su corazón y la respiración para sentirse completo, bendecido y auténtico en un basto Universo con el cual está entretegido.

El guerrero que ha despertado es compasivo con los seres que viven y sienten, por lo tanto procura ser un instrumento que posibilite que las cosas sean justas y verdaderas, defendiendo aquello que vale la pena mantener sobre la tierra.

Quien ha despertado hace de su mejor aliada a la muerte, no por el hecho de que sepa que va a morir algún día sino porque decide renunciar al mundo aún estando vivo. Si ha renunciado al mundo y tiene por entendido que no se llevará ni siquiera lo que le quepa en los puños, entonces se dispone a vivir su presente, sin apegos, disfrutando de sus relaciones, disfrutando de aquello por lo cual ha sido bendecido, disfrutando de cada paisaje y de cada respiración.

El guerrero a su despertar ve frente a sí un camino que nunca pudo ver porque los sentidos internos estaban adormecidos, apagados, aletargados. Cuando aprende a observar su vida desde los sentidos internos es cuando descubre que solo hay un camino que se dirige hacia el Sol, hacia la Luz, hacia la conciencia.