EL TELAR


Para nuestros ancestros del antiguo México hablar del telar en su filosofía era algo importante.
El telar hace referencia al Universo integrado en donde todo está entrelazado y es el espacio en el que se entretejen los elementos del cielo con los elementos de la tierra.
En el tejido se plasman los colores, las formar y las dimensiones que si no fuera por la interacción de cada uno de sus hilos no habría figura o forma.
En el pensar de nuestros ancestros cada uno de nosotros formamos parte de este tejido y somos tan solo una de sus fibras que participa, por lo tanto al hacer florecer nuestro corazón con actos sinceros y verdaderos damos color al tejido y vamos dibujando los símbolos que son sagrados.
Este telar nos sostiene y nos sustenta, por esta razón es que fue siempre un atributo de lo sagrado femenino. Los Mayas lo asociaban con Ixchel y los Toltecas con Tonantzin Citlalinicue. Es la Madre tierra donde coexistimos y participamos activamente en este conjunto que forma un todo.

Un guerrero es consciente de su participación activa y constante en la construcción del telar, sabe que no es ajeno al mismo. Con su rostro sabio y su corazón sincero crea un estado de unidad llamado Tezcatlipoca el espejo humeante en el que nos reflejamos porque en realidad somos los árboles, el agua, el fuego, el viento, las aves, el Sol y las estrellas. Todo, absolutamente todo forma parte de un solo constructo en el que cada uno de nosotros somos versiones diferentes de los mismo.

Todo el entramado converge en un solo punto "el corazón". En otras palabras nuestro corazón es el centro del Universo, es el lugar desde el cual entendemos e interpretamos nuestra realidad, desde él observamos y sentimos como todo fluye y vibra en una resonancia armónica llamada "vida".
Cuando el Macehual que es el hombre merecido toma consciencia de de su participación activa y consciente en el telar se convierte en un verdadero "hombre", se convierte en un actor de su tiempo sabiendo que cada pensamiento y cada acto mantiene la vida sobre este tejido.

En la escuela de altos estudios llamada Telpochcalli los maestros trazaban matrices con hilos para formar cuadrantes y en ellos registrar, entender y conocer los movimientos de los astros. Por esta razón es que también le llamaban el Calmecatl o escuela de los mecates (escuela de los hilos). Un alumno instruido conocía los ciclos y ritmos de los astros celestes, por lo tanto era conocedor del tiempo y el espacio, era conocedor de la interacción en el telar.

Hoy cada uno de nosotros necesitamos tomar esta enseñanza de nuestros abuelos y sobre todo tomar el camino que nos posibilite ser actores conscientes de este tiempo que elegimos vivir. Trabajemos juntos para lograr que la vida permanezca y honrar a nuestros ancestros con miras a que no se pierda el conocimiento milenario.

Un canto de tradición dice:

En espiral y hacia el centro...
al centro del corazón,
soy el tejido, soy el tejedor,
soy el sueño y el soñador.

Recibe un abrazo de tu hermano Tlahuilcoatl