Cuauhxicalli

"La jícara del águila"

Nuestra herencia sagrada, entregada por nuestros abuelos de Anahuac, es la presencia viva de más de 6,000 años de estudio del cosmos y de la tierra.

Cada pieza tallada en piedra es una síntesis de ciencia, filosofía, arte y mística, lo cual constituye una integración del pensamiento más elevado de un pueblo dedicado a entender el propósito de estar en la tierra así como de la esencia humana.

Con toda seguridad todos en algún momento hemos podido contemplar esta obra magnífica que llaman “Calendario Azteca”, sin embargo darle ese nombre refleja la profunda ignorancia de académicos y pseudo estudiantes de las culturas originarias de México que realizan sus investigaciones desde la perspectiva europea, tomando las palabras de los cronistas europeos como la “versión oficial”, bajo el argumento de que solo así se puede hacer ciencia.

Resulta ser que el “Calendario Azteca” ni es un calendario ni es azteca. Calendario es una palabra proveniente del latín asociado a las calendas, que eran los libros donde se registraban los adeudos requeridos a los romanos. Tampoco es Azteca dado que fue una pieza tallada por los Mexihcas una vez que se asentaron en Tenochtitlan y por lo tanto dejaron de ser Aztecas.

El nombre correcto de este monolito es Cuauhxicalli que de náhuatl se compone de dos palabras que son Cuauhtli “águila” y Xicalli “jícara”, por lo tanto hablamos de un concepto llamado “La jícara del águila.

Recordemos que los Mexihcas desarrollaron todos sus conocimientos a partir de la Toltecayotl que se había conservado principalmente en las culturas de origen nahiuatl, cuestión por la cual podemos afirmar que esta obra es una muestra de varios miles de años de investigación, registro y metodología aplicada al tiempo y espacio sobre la tierra.

Cuando contemplamos esta imagen podríamos pensar que solamente se trata de una serie de símbolos que registran los días y algunas fechas, sin embargo lo primero que debemos reconocer en ella desde un pensamiento descolonizado es que ejemplifica un modelo del Universo.

La cuauhxicalli no es un simple monolito plano con símbolos complejos de descifrar, es un modelo tridimensional del espacio que se considera curvo, por esta razón hace referencia a la bóveda celeste como si fuera una jícara que cubre el espacio superior y la otra que contiene el espacio inferior. Una jícara delimita el día y la otra la noche. No está de más decir que los astrofísicos han considerado seriamente que el universo es curvo.

Para entenderlo como un espacio curvo es necesario separarlo acorde a la composición de los círculos concéntricos (como se muestra en el gráfico) y darles una distancia adecuada. Por supuesto las dos Xiuhcoatl o serpientes de fuego turquesa que corren por el círculo exterior son parte del primer plano que delimita la tierra con sus valles y montañas y así sucesivamente hasta llegar al Águila que surca el cielo que no es más que Tonatiuh, el hacedor de calor y movimiento que llamamos Sol.

Nuestros ancestros consideraban estéticamente al Sol como un águila que se desprende de la tierra y comienza un recorrido por la jícara. Va tomando altura hasta llegar a posarse en el cenit y justo ahí se fusiona con una mariposa para dar vida, color, movimiento y esencia a las cosas que ilumina. Posteriormente en su descenso se posa nuevamente en el horizonte para tocar la tierra y de ahí convertirse en un ocelote o jaguar que llena el paisaje de un color anaranjado como su pelaje y llenar de estrellas la oscuridad. Pasa de una jícara en la que el águila realiza su vuelo, a otra donde un ocelote o jaguar trae de las entrañas de la tierra el magma incandescente, asciende por las montañas hasta llegar al cielo y llenar de estrellas todo el firmamento. Esta es la razón por la cual la cuauhxicalli es un recipiente envuelto con un águila o un ocelote.

Esta dualidad entre día y noche, luz y obscuridad, arriba y abajo está finamente integrda por las dos Xiuhcoatl donde, por un lado una de ellas porta las plumas de Quetzalcoatl haciendo el día y la otra tiene de frente los cuchillos de pedernal asociados a Tazcatlipoca haciendo la noche. Ambos en su boca son alimentados por rayos o energía solar en forma de cuchillos de obsidiana. Recordemos que un tecpatl o cuchillo de filos de obsidiana representa a la luz solar.

Este concepto de jícara es sumamente profundo en el pensamiento de los antiguos mexicanos porque se considera que en ella está contenido todo, absolutamente todo lo que conocemos. En esta jícara está incluido el tiempo, la materia, la energía y el espacio, y es así como nosotros somos parte de el universo porque tenemos Tonal “materia con un cuerpo”, Nagual “energía con con un alma, ser o espíritu”, estamos en un plano terrenal dentro del vasto espacio cósmico, y finalmente estaremos solo un tiempo aquí para que al ser sembrados en la tierra.

Hemos sido sembrados en la tierra y estaremos solo un tiempo aquí para formar en nosotros un rostro sabio y un corazón verdadero. Venimos a este mundo dentro de todo este vasto universo para sembrar flores, para reconocernos como parte de la dualidad creadora compuesta por Madre Tierra y Padre Universo.

La Cuauhxicalli es una jícara que contiene el Sol, las estrellas, los planetas, los ciclos de los tiempos, los cuatro elementos sustentadores, las cuatro direcciones cósmicas, la vida y la muerte y por supuesto toda la historia de de esta tierra donde ha habido cuatro eras o soles anteriores a nosotros y que han perecido para dar paso a un ciclo evolutivo superior. Nosotros somos un quinto intento, una quinta raza creada con maíz, entonces nos corresponde a nosotros, los macehuales, llevar a esta especie de animales racionales a humanizarse, a ser verdaderos Toltecas que hacen de la forma de vivir una obra de arte.

En este pensamiento elevado de la Toltecayotl esta Cuauhxicalli estará presente en cada Teocalli o templo sagrado. Es este el motivo por el cual a las construcciones que realizaron nuestros antepasados no las podemos llamar “pirámides” porque no cumplen un fin estético y geométrico, al contrario, cada Teocalli es un modelo del universo curvo que se estratifica en diferentes niveles desde las cuatro direcciones cósmicas sobre la tierra hasta el punto más elevado donde el Sol se posa en el cenit para dotar de vida y movimiento a todo lo contenido en la jícara.

Todas las energías del cielo, de la tierra y del inframundo están enlazadas por una columna vertebral que está en el centro. Esta columna representada por un carrizo es un cordón umbilical que nutre a la tierra por medio de su ombligo, en este sentido los Mexihcas procuraron una cultura con la cual fueran alimentados de todo aquello que descendía desde el treceavo cielo, el Omeyocan donde mora la esencia de la dualidad creadora. Es interesante considerar que en la parte superior de la Cuauhxicalli descienden desde el treceavo espacio las dos energías creadoras que serán complementarias. No es casualidad que el número 13 esté acompañado de el símbolo carrizo para enlazarse y estar en constante intercambio, nutriéndose por un ombligo que vemos como centro del símbolo Ollin “movimiento”.
Es importante adentrarse a las simbologías con las que escribían y hablaban las culturas antiguas de México. En esencia en varios grabados que dejaron en piedra los nahuas hacen referencia a Tlaltecuhtli “el protector de la tierra” como una energía masculina con fuerte presencia en el plano terrenal. Podemos determinar que es una energía masculina al portar regularmente un Maxtlatl como símbolo fecundador.

Entendiendo que todo tiene su dualidad Tlaltecuhtli es el estado masculinizado de la tierra y es alimentado con energía solar en forma de tecpatl o “cuchillos de obsidiana” para que con ella sea fecundada la Madre Tierra. Es lógico pensar que Tonantzin Tlalli “la Madre Tierra” para quedar preñada necesita del fuego sexual proveniente del Padre Sol y quien hace posible este intercambio es definitivamente Tlaltecuhtli a quien se le ha asociado erróneamente con una “Diosa” porque tiene senos. Estos senos no son más que una forma de hacer referencia a la acción de alimentar, nutrir, sostener y proveer el alimento que los seres vivos requerimos para vivir en la tierra.
Es tiempo de ejercer el valor a los conocimientos de nuestros antepasados con la herencia sagrada que tenemos y que forma parte de una de las seis culturas más antiguas de la humanidad con origen propio. Todo el mérito es para ellos que a base de un esfuerzo enorme lograron entender el pape que tenemos dentro de todo este basto Universo.

Hemos sido sembrados en esta tierra y estamos contenidos en la Cuauhxicalli, nos es dada toda la energía necesaria para hacer nuestro mejor intento de ser impecables, porque la vida solo adquiere sentido si entramos en el sendero de buscar ser Toltecas, guerreros del espíritu y buenos macehuales, porque a final de cuentas hemos merecido un cuerpo y permanecer un tiempo breve sobre esta tierra.
Es imposible darle un valor a lo que no se conoce.

Que tu tiempo sea útil y tu conciencia sea integrada a la Cuauhxicalli, son los mejores deseos de tu hermano Tlahuilcoatl.