LOS CRONISTAS ESPAÑOLES

Hoy día en las universidades y las academias se tiene en numerosas obras la "historia oficial" sobre el México antiguo, sin embargo necesitamos aprender a pensar.
¿Quién escribe la historia y para qué?
¿Qué intereses e intenciones están plasmadas en las narraciones históricas?
¿Podemos dar como verdadero un evento que se asentó por primera vez?
¿Se puede confiar en la objetividad de quien narra la historia?

En el inconsciente colectivo del mexicano está inmersa la falsa creencia de que los antiguos mexicanos eran bárbaros despiadados que cometían sacrificios humanos, hacían la guerra a los pueblos vecinos para obtener dominación y vivían en condiciones muy básicas, casi como animales.

En estas creencias está instaurada la colonización que no fue otra cosa más que la instauración de un sistema de poder atroz que posibilitó el saqueo, la invasión y la destrucción de una cultura milenaria.

En realidad los antiguos mexicanos previo a la llegada de los europeos habían alcanzado un alto desarrollo social, tecnológico, filosófico, artístico y científico que superaba por mucho a los modelos europeos. Estas obras las podemos apreciar incluso hoy día.

Por desgracia, para la suerte de nuestra tierra de Anahuac el genocidio, la atrocidad, las enfermedades y la religión fueron armas letales que hicieron que una cultura con 6,000 años de desarrollo casi se extinguiera.

Hoy día en las instituciones oficiales de todo el mundo se toma a los cronistas españoles como la fuente única y verdadera que proporciona los datos necesarios para saber cómo era el México Antiguo previo a la instauración del colonialismo.

Sin embargo, tenemos que usar nuestra simple lógica para hacer un cuestionamiento sobre la veracidad de todo aquello escrito por los cronistas españoles.

En primer lugar necesitamos entender que los llegados de la Hispania realizaban sus planteamientos bajo un enfoque eurocentrista, o sea que los parámetros de interpretación de los hechos y sucesos están en función de sus creencias religiosas y políticas.

En segundo lugar tenemos que plantear la objetividad que pudieron tener los relatos de los cronistas basándonos en el tiempo y los intereses que llevaron a una disciplina de registro que, por cierto no fue de orden científico y con carencias metodológicas.

Comparto aquí algunos datos que nos pueden ayudar.

Tomemos como punto de referencia la caída de Tenochtitlan en el año de 1521.
Bernal Díaz del Castillo no tenía formación escolar ni bienes cuando viaja a América, escribió su obra "Historia verdadera de la conquista de la Nueva España" cuando tenía más de 84 años. Se sabe que nunca tomó notas, nunca aprendió a hablar las "lenguas indígenas" y publicó su obra en 1568, o sea 47 años después de la toma de Tenochtitlan. Hoy día se sabe que esta obra en realidad fue escrita por Hernán Cortés y usó a Bernal como prestanombres debido a que el rey Carlos V prohibía sus obras por cuestiones políticas.

Bernardino de Sahagún llegó a México en 1529, o sea 8 años después y terminó de escribir su obra "Historia general de las cosas de la Nueva España" en 1585, o sea 64 años posteriores a la fecha de referencia.

Diego Durán nació en 1537, o sea 17 años después, llegó a México cuando tenía 8 años de edad y publicó su obra "Historia de las Indias de Nueva España" en el año de 1587, o sea 66 años después de la caída de Tenochtitlan.

Diego de Landa nació en 1524, llegó a Mėxico en 1549 y publicó su obra "Relación de las cosas de Yucatán" en el año de 1566. Él es ampliamente conocido por quemar códices, destruir templos y tomar relatos bajo tortura o tomar sus crónicas de nativos evangelizados.

Es vidente que en México se instauró un sistema colonial que hasta hoy día prevalece, en el cual se pretende que sigamos al servicio de una élite de poder constituida por criollos.

Por último comparto esta reflexión acerca del poder y la historia:
La forma en que se construyó la "historia verdadera" del México antiguo es exactamente igual a la "verdad histórica" de la cúpula de poder hacia los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Que cada quien saque sus conclusiones

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