COPILLI

Los antiguos mexicanos que llevaron al florecimiento a la civilización de Anahuac, al ser Toltecas “artistas” transmitían su conocimiento por medio de relatos, cuentos e historias que bien pueden conformar toda una mitología. Este conjunto de relatos al ser interpretados con las bases del pensamiento filosófico nos provee de una serie de enseñanzas que bien merecen ser tomadas en cuenta.

Uno de estos relatos está asociado a Copil Tlaciuhque de Tezcaltepetl “el adivino que posee la corona del cerro de los espejos”, quien era considerado como un gran sabio guerrero.
Se dice que él era hijo de Malinalxochitl “la hierba florecida”, considerada como un símbolo de la sabiduría femenina.

Los abuelos decían que Copilli cuando murió en batalla arrojaron su corazón a un Tular en Malinalco, el centro iniciático de los grandes guerreros, y de ahí floreció la esencia que lo reúne con su madre. Del mismo lugar emanó un nopal que tiene como frutos a las tunas rojas que representan al corazón florido que alimenta a los guerreros.

Copilli se inmortalizó y su florecimiento se le ve cada vez que el padre Sol se fusiona con la Madre Tierra en el atardecer, formando una corona que adorna la bóveda celeste, reconciliando los opuestos complementarios.

Copilli que del náhuatl significa “corona” es un elemento filosófico que hace referencia a la conciencia florecida.

Antiguamente quienes portaban un copilli o corona de plumas de quetzal eran aquellos que poseían un Sol radiante en su interior y lo hacían brillar con las flores y los cantos, que son los pensamientos y las intenciones que emanan de la conciencia.

El copilli estaba destinado para aquellos guerreros que tenían la capacidad de comprender la naturaleza terrenal y la propiedad cósmica, para aquellos capaces de fusionar la materia con el espíritu.

Nuestros ancestros nos enseñaron que estar vivos sobre la tierra tiene un propósito: desarrollar el plumaje que nos posibilite elevar nuestro Ser, nuestro espíritu. La vida tiene como propósito hacer que el Sol que mora en nuestro interior brille para no andar a ciegas en el camino.

Al disponernos a ser guerreros del espíritu, al hacer nuestro mejor intento de perfeccionarnos, al tratar de ser impecables, se aviva al Sol, se aviva el fuego que mora en nuestro interior rodeándonos de un hermoso Copilli que abraza a los seres que nos rodean.

¿Qué mayor sentido puede tener la vida?
Como lo decía nuestro sabio abuelo Nezahualcoyotl:

¿Acaso de veras se vive con raíz en la Tierra?
No para siempre en la Tierra:
sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
aunque sea de oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la Tierra:
sólo un poco aquí.