CONCEPTO TOLTECA DEL HOMBRE

Cada cultura surgida en el mundo desarrolla un concepto acerca de cómo se debe concebir al ser humano y en esto se basará dar formación a los nuevos integrantes que la misma.

Esto era algo de suma importancia entre los pueblos de Anahuac y dedicaron buena parte de sus estudios filosóficos a resolver la pregunta ontológica del Ser: ¿qué soy? ¿quién soy? ¿de dónde vengo? y ¿hacia dónde voy?

En primera instancia nuestros ancestros resolvieron una de las preguntas más complejas de la existencia humana al definir que cada uno de nosotros somos una entidad dual, ya que por un lado somos la tierra, estamos hechos de tierra y fuimos sembrados en un pedacito de ella llamado “cuerpo físico”. Este cuerpo está dotado de cinco sentidos externos con los cuales contemplar la existencia, y nuestro destino, indefectiblemente… es la muerte. El cuerpo es simplemente una máquina biológica que no es de nosotros, que no nos pertenece porque algún día la hemos de devolver a la tierra, porque de ella venimos y a ella regresamos.

Sin embargo no solo somos un capricho de la naturaleza que come, se reproduce, defeca y duerme, dado que el cuerpo es sólo el recipiente que contiene al Ser, al alma, al espíritu y que fue puesto en nosotros por voluntad del mismo Universo. El Ser viene acompañado de varios sentidos internos que no se desarrollan biológicamente como son: la intuición, la clarividencia y la clariaudiencia.

De esta forma es como en la visión de nuestros sabios ancestros, cada uno de nosotros es el resultado de una interacción dual compuesta por Madre Tierra y Padre Universo llamada Ometeotl, “La esencia dual” dadora de vida, color y movimiento.

Sin embargo y a pesar de todo somos en esencia “animales racionales”. Nuestra naturaleza animal nos llenará de instintos difíciles de satisfacer, entre los cuales encontramos la vanidad, la avaricia, la importancia personal, la glotonería y la lujuria, entre muchos otros.

Esta naturaleza, esta esencia animal es la que nos impide ser “Verdaderos Hombes”, “Verdaderos Seres Humanos”, por lo tanto el objetivo de la “cultura” es el verdadero intento por alimentar y dotar todos los elementos que lo lleven a convertirse en Humano, en Hombre.

Para que el animal racional pueda convertirse en un verdadero Hombre tendrá que insertarse en el camino del “Ser Tolteca”.

Tolteca es un término que del Nahuatl se traduce como “artista”, en consecuencia, quien se inserta en el camino de la Toltequidad deberá dedicarse a hacer de su vida una obra de arte. Deberá pulirse, moldearse, con el objetivo de formarse un rostro sabio y un corazón verdadero.

Para que el animal racional, pasional, consiga convertirse en un Tolteca necesitará decidir transitar un camino largo y difícil que lo haga guerrero del espíritu. Este guerrero luchará para vencer su peor enemigo que es él mismo, su propia naturaleza animal y terrenal.

Un guerrero Tolteca transita por dos faces, la primera llamada Yaocelotl “guerrero ocelote” y la segunda llamada Yaocuauhtli “guerrero águila”.

El Yaocelotl tiene como propósito trascender su propio Tezcatlipoca, su “espejo humeante” que le imposibilita entender la realidad desde los cinco sentidos externos, por tal motivo nuestros ancestros hablaban de Tezcatlipoca Titlacahuan “el espejo humeante que todos poseemos en nuestro interior”. En otras palabras un Yaocelotl o “guerreo ocelote” necesita desarrollar sus sentidos internos y desde ellos contemplar su realidad. Lo difícil para el guerrero es limpiar el espejo que humea debido a que nuestra realidad la racionalizamos, la juzgamos y nos identificamos con ella, en consecuencia este “humear” no nos permite ver con claridad nuestra verdadera naturaleza y la real esencia de las cosas.

Un Yaocelotl, como lo hace el ocelote en el monte se aventura en soledad, se observa y se integra a la dualidad. Por un lado tiene un cuerpo que lo hace desplazarse, expresarse, pero por el otro se viste con el manto celeste dado que cada una de las manchas en su piel representa una estrella. Reconoce su esencia dual a la que pertenece, en consecuencia renuncia al mundo, acepta su muerte, se desprende de todo pues comprende que ni su cuerpo le pertenece. Al morir vive el presente, sabe que es lo único que le queda y de tal forma toma su vida, se hace cargo y responsable de ella. No responsabiliza a nadie de su destino mas que a él mismo.

El Yaocelotl ha descubierto un camino llamado Micaohtli o “camino de los muertos” que es el tránsito de la vida en reposo, en calma, en paz y serenidad. Este camino es el destinado para aquellos que logran vencerse a sí mismos.

El Yaocelotl, una vez que ha llegado a este punto se convierte en Yaocuauhtli, se ha convertido en un guerrero águila porque ha desarrollado el plumaje que le permite volar alto, surcando la Cuauhxicalli, la “jícara o bóveda celeste” para integrarse al Sol.

Un Yaocuauhtli puede llamarse tal cuando ha desarrollado su plumaje. Las plumas, son el símbolo asociado al Ser, al espíritu, de esta manera el guerrero águila ha logrado elevar su espíritu y reconocerse como obra y creación del mismo Universo. Ha entendido que dentro del basto Universo él tiene un rostro único, una individualidad ligada a la colectividad pues está regido por las mismas leyes que su pueblo.

El Yaocuauhtli con su vuelo alto y su aguda visión está al servicio de su pueblo, no anhela nada de la tierra, simplemente contempla la creación y se regocija con ella.

En esencia, el verdadero Hombre Tolteca es un guerrero del espíritu que ha conseguido hacer florecer su corazón, y de su voz se emanan los cantos que hablan de las cosas sinceras y verdaderas sobre la tierra. Estas flores y estos cantos son la razón por la cual se vive.

Es así como nuestros ancestros del antiguo Anahuac nos dejaron trazado un camino para andar, para seguir sus pasos en la construcción y permanencia de una cultura que nos alimenta con el fruto sagrado del Maíz.