COATLICUE


La falda de serpientes, una de las representaciones menos comprendidas que fue bellamente expresada por los Mexicas.
La tierra se viste con serpientes y basta observar las cosas con sencillez y naturalidad para imaginar que los cerros que forman cordilleras bien pueden parecernos serpientes que se entrelazan unas con otras. Éstas visten a la Madre Tierra.
Con sus senos da de comer, proporcionando el tonal o energía que hace latir los corazones de los Macehuales, "hombres de esta tierra".
Ella es quien asigna trabajo a las manos de hombres y mujeres para que a través de la actividad humana reconozca el movimiento, el arte y el canto.
Un collar de jades adorna su cuello como los ríos que corren en sus relieves.
Se aferra con garra al suelo y nunca suelta su unión con Tlaltecuhtli, “el protector de la tierra” (plasmado en la base de Coatlicue).
En su cabeza está la triada divina ya que dos serpientes unen sus rostros de frente y forman el rostro de una tercera que nos ve de frente. Padre, Madre y expresión de vida, su producto.
Un cráneo en su cintura nos habla de la muerte. Ella es la gran devoradora que en algún momento tragará nuestros cuerpos, pues a ella le pertenecen y a ella regresarán. También es la muerte de la naturaleza, donde la hierba seca del invierno forma la piel vieja que se desprende y se renueva en primavera, justo como lo hace una serpiente.
Es la madre unificadora, conciliadora y en obviedad quien no esté integrado a ella, está desligado de todo lo que está cerca y junto.
Recibe un abrazo de tu hermano Tlahuilcoatl