Cempoalxochitl

"La flor de veinte pétalos"

En nuestras sagradas tradiciones de Anahuac cuando llega el otoño hacemos un espacio para dar celebración a la muerte con elaboradas ofrendas que llamamos “Tlalmanalli”.

Al interior del hogar asignamos un espacio para colocar este Tlalmanalli con elementos esenciales entre los cuales se encuentran flores, veladoras, frutas, imágenes alusivas a la muerte como cráneos, tumbas y los alimentos o bebidas que eran preferidos por nuestros ancestros que han partido al Mictlampa “el espacio de los descarnados”.

Con toda seguridad el elemento más esencial es la flor de Cempoalxochitl que da el característico color naranja y un olor dulce que se mezcla en perfección con el humo de copal, sin embargo colocar estas flores encierra en su interior un significado místico que abre el espacio para honrar a aquellos que nos dieron rostro y corazón.

Esta flor encierra un aspecto místico que bien vale la pena entender.

Cempoalxochitl es una flor que cobra vida en el tonalco “otoño”, justo en el momento en que todo esta muriendo en la naturaleza, entonces, es la vida que surge tras la muerte. Esta flor se eleva, cobra vida, muestra su color y sus olores en el pleno proceso de transformación, cuando las cosas perecen sobre la tierra.

La presencia de esta flor es un mensaje para decir que no hay muerte, al contrario, hay resurgimiento.
Cempoalxochitl es una palabra nahuatl que se compone de dos términos que son Cempoalli “veinte” y Xochitl “flor”, por lo tanto su traducción literal será “veinte flor”, sin embargo para entender el significado místico de esta flor se requiere ir al contexto filosófico con el cual nuestros ancestros construían su pensamiento.

Cempoalli aparte de significar literalmente “veinte” también hace referencia a “una cuenta”, o sea una integración, un ciclo o una vuelta completa porque en la cuenta de los días hay solamente veinte signos. Cuando nos referimos a cempoalli hablamos de un ciclo que comenzó y terminó, justamente como la vida de nuestros abuelos que partieron al Mictlan.

Todos, absolutamente todos estamos dentro de esta rueda de los días que comienza en Cipactli “lagarto” y termina con el día Xochitl “flor”, entonces se entiende que nuestra vida comienza por posar los pies sobre el lomo del lagarto que representa la tierra y abandona este plano con el florecimiento, con la muerte.

Nuestros ancestros decían que a este mundo venimos a morir, así que como bien referían: “si hemos de perecer dejemos al menos flores, dejemos al menos cantos”. En este sentido las flores son todo aquello que dejaron en el mundo para que al retomarlo embellezcamos nuestra vida. Las flores que han dejado nuestros abuelos florecen en el recuerdo, en la cultura, en las tradiciones, en la forma de pensar, en el lenguaje, en el corazón.

En un sentido místico, figurativo y simbólico Cempoalxochitl es la flor de veinte pétalos donde cada uno de ellos es un día de la cuenta del tiempo. Hoy portamos el Tonal de la vida que está latiendo en el corazón y algún día llegará nuestro momento de cerrar el ciclo para que nuestro Nahual se reintegre al Tloque Nahuaque “aquel que permanece cerca y junto a todas las cosas”, la esencia dual creadora.
En algunas partes le dan a esta flor el nombre de Tonalxochitl “la flor solar” porque se dice que su color, su energía y su esencia fue tomada del Sol, en consecuencia posarla o presentarla sobre el Tlalmanalli es colocar la luz, el calor, la vida.

En cada altar se acostumbra elaborar con los pétalos de las flores un camino que viene del norte para dirigir las almas al centro de las ofrendas. De esta forma enlazamos el mundo de los vivos con el mundo de los descarnados para que por unos instantes podamos convivir y compartir.

Son as flores de Cempoalxochitl las que abren los caminos para que ingresen desde el Mictlampa los descarnados a este mundo y así logren disfrutar los colores, olores y sabores, por este motivo es que un altar es colorido, luminoso y rebosante de los aromas que embriagan los sentidos.

Colocar un altar dentro de nuestro hogar es hacerle un lugar a nuestros ancestros, es una forma de honrarlos, de hacerlos presentes. Estas celebraciones de muertos tiene un profundo significado para nuestro inconsciente porque hace posible acercarnos a la muerte sin miedo y hasta en algún sentido burlarnos de ella.

Hacer un espacio para honrar a los muertos nos enseña que hay que apreciar la vida, porque con ello estamos obligados a reflexionar sobre como escribimos nuestro destino, nos lleva a preguntarnos: ¿con qué seremos recordados?, ¿qué dejaremos sembrado en este mundo antes de nuestra partida?, ¿con qué pensamientos, sentimientos y palabras será recordado nuestro tránsito sobre la tierra?, ¿qué aporté a mi pueblo antes de mi partida?, ¿llegaré al día de mi muerte con la plena convicción de haber hecho mi mejor intento de ser impecable?, ¿hice florecer la mejor versión de mi?.

Vivamos nuestras sagradas tradiciones, hagamos un lugar entre nosotros a los descarnados porque en realidad somos ellos y hoy con nuestra presencia en el mundo representamos a todo nuestro linaje, somos el último eslabón de la cadena y tenemos la responsabilidad de cumplir los sueños por los cuales ellos trabajaron arduamente.

Que el entendimiento sobre la muerte nos lleve a una profunda comprensión sobre la vida, son los mejores deseos de tu hermano Tlahuilcoatl.